A los barrios, por encima de todo

Falta poco más de un año para las elecciones municipales, y bien que se nota. En los próximos meses, la batalla no se librará sólo a escala global, sino también barrio a barrio, calle a calle, plaza a plaza, casa a casa, rata a rata, árbol a árbol, bache a bache… La macropolítica deja paso a la micropolítica. Los concejales abandonan los salones de la Plaza Nueva para acudir a las periferias y el barro. El PP presentó ayer la campaña de Beltrán Pérez, titulada Sevilla por encima de todo. Un eslogan que gusta a todos. Ya han empezado a pelearse con Ciudadanos hasta por el eslogan.

Beltrán Pérez apuesta por "el diálogo de barrio". En el PP saben que eso le dio un buen resultado a Juan Ignacio Zoido en 2011. Le dio 20 concejales, con los que puso el listón muy alto. Puede que demasiado, ¿verdad? Sin aspirar a tanto, Beltrán Pérez (que estuvo cuando aquello) confía en que los barrios sean su tabla de salvación ocho años después.

Algunas guerras empiezan con guerrillas. En Bami, durante una reciente visita, Beltrán Pérez se entrevistó con los vecinos, y pronunció una palabra mágica: rata. En Bami hay ratas, como en otros barrios, o eso dicen. A partir de ahora, toda rata que sea descubierta pasará a ser un personaje importante, porque se le supone valores mágicos en el movimiento de votos. Todas las ratas benefician al PP (y puede que a Ciudadanos), mientras que le sientan fatal al PSOE, por encima de todo. Pues la moderación que cultiva Espadas se casa mal con las ratas. Así que no le cabe otra opción que desratizar, y a lo salvaje, para que no las vean ni en pinturas.

En la guerra de guerrillas que se esboza ya se nota por dónde atacarán en las trincheras. Las ratas son muy vistosas, pero en la visita a Bami también se habló de podas, de aceras en mal estado… y de suciedad. Esto es, los problemas básicos.

El vecino pasa a ser el rey de la ciudad, por delante del peatón, y por encima de todo. El vecino puede ir en bicicleta o donde más le apetezca. El vecino tendrá para elegir. Pero el vecino no siempre vota lo mismo, y eso se sabe por encima de todo, y entre sus preocupaciones no figura la filosofía municipal de la alta política, sino asuntos más sencillos, que superan la ideología, como las ratas, por ejemplo, que no votan y pueden ser exterminadas.

Quien vea una rata tiene un tesoro: puede que valga un puñado de votos, por encima de todo. Cogedla ahí…

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