PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Abengoa y la conspiración

LA empresa más importante ligada a Sevilla, Abengoa, se ha visto inmersa en la guerra mundial de la energía. Su extraordinario crecimiento como multinacional por meterse de lleno en la producción de energías alternativas al petróleo, le ha dado carné de baile en el club de la madre de todos los poderes. Competir con la gasolina, ahí es nada. Y los gigantes petroleros les han colgado la etiqueta de enemigo a batir. Sus principales ejecutivos toman conciencia de dónde se han metido: en el reino de los amos del mundo. Los que ponen o derrocan gobiernos, los que manejan el cotarro bursátil, los que crean o avivan crisis internacionales para proteger sus cuentas de resultados, los que fabrican intoxicaciones informativas para hundir a la competencia competitiva.

Las influencias que ha ejercido Abengoa en Andalucía y en España como poder fáctico son peccata minuta en comparación con la utilización de los organismos de la ONU, de las grandes agencias y televisiones internacionales y de expertos a sueldo para culpar a empresas como la de los Benjumea de la enorme subida de todas las materias primas alimenticias, aunque algunas nada tengan que ver con la fabricación de bioetanol, del que son líder europeo y quinto productor en Estados Unidos. Pronto van a acusarles de la deforestación del Amazonas, de la reducción de los glaciares, del hambre en África y hasta de la desaparición de la Atlántida.

El desafío de Abengoa, con un enorme plan de inversiones a favor del viento de lo políticamente correcto y del paradigma del cambio climático, se ve súbitamente colgado de la brocha por la crisis alimenticia internacional y los altísimos precios. Es un momento decisivo para la compañía porque ha de luchar a nivel mundial para salvarse de la quema inquisitorial. No en vano la geopolítica siempre fabrica un enemigo y ofrece un chivo expiatorio.

En Sevilla debe importar más la batalla de las fuentes de energía. Hay mucho en juego.

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