La tribuna

antonio Navarro Vázquez

¿Complejo de inferioridad?

CASI a diario leemos a columnistas o colaboradores de medios de comunicación disertando sobre la personalidad de los españoles. Por regla general los tópicos sobre los que hablan o escriben tienen mucho que ver con lo que podríamos llamar carácter diferenciador, que no es otra cosa que un componente de la idiosincrasia cultural que siempre ha existido en nuestro país, pero la realidad, y pese al empeño de algunos, es que no se coincide muy a menudo en esas definiciones, lo cual no es óbice para que no surjan nacionalistas o personajillos del tres al cuarto y violentos -por eso de que creen estar en el don de la verdad absoluta- con mentiras y estúpidas y absurdas referencias históricas para basar sus pobres o denigrantes argumentos. Probablemente, olvidan a Carlos Marx, que basaba todos los acontecimientos humanos en el interés económico.

Por otra parte, hay disparidad de criterios de si los españoles somos o no conscientes de nuestra forma de ser. Y, a través de esa panorámica, si de verdad infravaloramos nuestros propios errores o aciertos. ¿Somos conscientes de nuestra historia? ¿Conocemos o tenemos proyectos de futuro, como país o nación? ¿Poseemos intereses nobles y altruistas para lograr una realidad mejor para nuestros hijos, o simplemente son espurios de unos intereses bastardos que muchos viles y villanos intentan que nos lo creamos? Una solución para evitar problemas de futuro es promover, en el País Vasco, la lectura de lo que escribió Sabino Arana, el padre -nos dicen- de la patria vasca, pero que tenía un altísimo complejo de inferioridad con aquella admiración que sentía por el Reino Unido y su rechazo a los guipuzcoanos y resto de españoles. Otro tanto sería promover la lectura del alemán y aburrido Karl Krause, en Cataluña. Fue en España donde lo leyeron unos cuantos nacionalistas barceloneses en los comienzos del pasado siglo y, posteriormente, Julián Sanz del Río lo introdujo en la Institución Libre de Enseñanza. Es verdad que fue en España donde se conoció porque ni en la mismísima Alemania lo leyeron. Seguro que su lectura hará bajar los votos de CiU o ERC

Hay que valorar muy positivamente cualquier intento en profundizar en nuestra cultura, el desarrollo y los modos de vida de cada una de nuestras regiones -bastante coincidentes, como ocurre en casi todos los países desarrollados-, las estructuras sociales de la actualidad y la diversidad de expresiones culturales y lingüísticas que caracterizan España. Pero más importante todavía es que la entrada de España en la Unión Europea acarreó que muchos países de nuestro entorno escribieran de nosotros, muchos nos tachaban de país joven, nuevo transformado... cuando en realidad España cuenta con más de quinientos años de historia.

Pero lo importante no es, como señala el logotipo, que hablen de uno, sino que de una vez por todas, y gracias a pertenecer a la Unión Europea que ha sido y es ejemplo de muchas cosas, que España aprenda de sus errores para no volver a repetirlos. La mayoría de los españoles vivimos y sentimos como españoles, aunque algunos hayan encontrado una nueva forma de enriquecerse a costa de la ignorancia de los otros y que consiste en escribir o hablar mal de España y así justificar lo injustificable como esos aumentos de cuentas bancarias en Suiza, Liechtenstein o Kuala Lumpur por parte de determinados y conocidos nacionalistas que con sus comportamientos dan la razón a Carlos Marx

Es cierto que de todo tiene que haber en un país con más de quinientos años de existencia; sin embargo desconozco desde cuándo existe el complejo de inferioridad que, desgraciadamente padece, en general, la ciudadanía española, especialmente desde que padece esa promoción que se hace, incluido el Gobierno de la nación, de la lengua que se habla en la colonia británica de Gibraltar. Hasta la canción que representó a España este mes, en el Festival de Eurovisión, es casi en inglés, a lo mejor para dejar constancia de que somos un país sumiso a la corona británica, en vez de presentar una buena canción y un/a gran cantante, aunque les cueste entenderlo a la Moncloa o a TVE. A los británicos les agrada que los países secundarios o sumisos, donde todavía mantienen colonias, como le ocurre a España, se quieran parecer a ellos.

Por otro lado, nada llevan en sus programas los partidos políticos para las elecciones europeas del próximo domingo. El problema es que esos cientos de funcionarios, inclusive los eurodiputados que salgan en las próximas elecciones, no tendrán conciencia de lo que se está jugando España allí. Les preocupará más con lo que ganan que conocer su papel en Bruselas o Estrasburgo.

Posiblemente venga bien ahora una cita para terminar. Me atrevo a elegir al ex presidente Adolfo Suárez que, en una cena que le ofrecieron en el año 1975 en un medio de comunicación, dijo que "después de Franco, el sentido común de los españoles." ¿Será suficiente?

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