La ciudad y los días

Carlos Colón

Espectáculo repugnante

ESCENAS política y éticamente repugnantes hemos visto todos. Y muchas. Pero pocas, en estos últimos tiempos, como dos relacionadas con la tramitación y negociación de la nueva ley del aborto. Una fue la de las ministras y la vicepresidenta felicitándose, sobándose y abrazándose, partidas de risa, tras la votación que permitía la tramitación de la ley del aborto en el Congreso de los Diputados. Con respecto a esta escena me remito al artículo ¿De qué se reían? del compañero Rafael Padilla, publicado el pasado domingo. La otra escena repugnante la vi ayer en el informativo de Antena 3. El representante del PNV (Joseba Aguirretxea) y el de ERC (Joan Tardá) discutían la letra pequeña, que era muy gruesa, del apartado que se refiere a las menores de edad en la ley sobre el aborto que finalmente aprobó la Comisión de Igualdad del Congreso. Enfangados en una discusión que degradaba la casuística jesuítica -tan vasca, por otra parte- en grosera y apresurada componenda, protagonizaban un diálogo que sería grotesco si no tuviera las trágicas consecuencias que va a tener. Repugnaba más la blandura tipo "la araña negra" de Blasco Ibáñez del vasco que la rudeza del catalán. ERC sabe a lo que va y lo dice a las claras. El PNV ha hecho una penosa exhibición de habilidades de sacristía, de casuística jesuítica de tercer nivel y de laxitud de conciencia llevada al extremo del contorsionismo ético.

Que en el año 2009, no hace un siglo, no bajo una moral sexual represora y machista, no en una sociedad que condene a las madres solteras y a los hijos nacidos fuera del matrimonio, no sin información acerca del sexo, no con carencia de anticonceptivos, no sin conocimientos científicos sobre la independencia genética del feto, se presente el aborto libre como un derecho y una conquista del progreso es un bárbaro y repulsivo anacronismo. Que para sacar adelante esta ley se esté fingiendo y mintiendo tan descaradamente, afirmando que al convertir en un derecho el aborto lo que se pretende es reducirlo, es algo que repugna a la razón no torcida por el partidismo, no comprada por el favoritismo o no deformada por el más grosero hedonismo consumista.

Ha acusado Rosa Díez a esta ley de banalizar el aborto. Tiene razón: lo demuestran las risas de las ministras. El aborto banal es una consecuencia, a la vez que un requisito, del sexo banal en un contexto de fomento de la deseducación y la irresponsabilidad entre los jóvenes. Por eso pretenden que las menores puedan abortar sin comunicárselo a los padres: la tutela paterna, como la educación, es hoy un estorbo.

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