La tribuna

Manuel Clavero Arévalo

Hawking y Dios

CONOCÍ personalmente a Stephen Hawking cuando yo pertenecía a la Fundación BBV y le invitamos a exponer sus ideas en España. Aceptó y lo hizo en Sevilla, en el recinto y durante la Exposición Universal de 1992. Estaba enfermo de esclerosis lateral amiotrófica, su estado era impresionante, pues estaba postrado y paralizado en una silla articulada, desde la que emitía sonidos que, mediante un sintetizador, le permitían que el público conociera sus ideas. También me impresionó la ayuda que le prestaba su mujer y enfermera Jane, creyente y que creía que su fe había ayudado a Hawking a vivir con las limitaciones que tenía. Hoy Hawking ocupa la cátedra de Matemáticas en la Universidad de Cambridge, que desempeñara Newton.

Ahora, superando el escaso tiempo de vida que le pronosticaron, ha publicado el libro The Grand Desing (El Gran Designio), en el que afirma que el origen del Universo encuentra su causa en las leyes de la física, sin que sea necesario invocar a Dios para explicar su origen. Con anterioridad, en el año 2005, en Oviedo, delante de los Príncipes de Asturias, dijo que el Universo surgió de la nada.

Sin embargo, la tesis de Hawking tiene precedentes y en estos días se ha recordado que, hace doscientos años, el físico francés Laplace explicó la formación del sistema solar, y Napoleón le preguntó recriminándole, por qué había omitido a Dios en su explicación, contestándole Laplace: Señor, no he necesitado esa hipótesis.

También se ha recordado por Pablo Jáuregui y Mónica Salomone que en su anterior libro Breve Historia del Tiempo publicado en 1988 Hawking se mostró interesado por la existencia de Dios y afirmó que "si lográramos una teoría del todo, sería el mayor triunfo de la razón humana, porque entonces conoceríamos la mente de Dios". Era una postura más prudente y cauta que la que nos da en su reciente libro El Gran Diseño.

La negación de la existencia de Dios por algunos científicos reabre el viejo tema de la compatibilidad entre la fe y la ciencia. Sus fronteras no permanecen cerradas, son permeables, y es un error creer que los científicos no son creyentes. Yo, que fui rector en la Universidad de Sevilla, tuve ocasión de conocer a muchos científicos que eran creyentes, y es un error creer que un científico de gran prestigio tiene que ser ateo, aunque es cierto que bastantes lo son, unos alardean de ello y otros son más prudentes, pero también es cierto que grandes científicos de máximo nivel proclaman que son creyentes como un acto contrario a los que creen que para ser un buen científico hay que ser ateo. Mónica Salomone recuerda en el diario El País que en 1997 un artículo de la revista Nature publicaba una encuesta sobre las creencias religiosas de los científicos que arrojaba como resultado que un 40 % de los biólogos, físicos y matemáticos dijeron creer en Dios, un Dios al que uno reza a la espera de recibir respuesta. También hay que destacar que es mucho más difícil demostrar científicamente la inexistencia de Dios que la existencia de él.

Quizás el mayor desarrollo científico de Occidente plantee con más intensidad el debate sobre la existencia de Dios, pero también en otras religiones se ha planteado el problema, si bien no con el Dios en el que cree el mundo occidental, sino con el Dios del Islam. Ibn Rusd dijo que la proposición Dios existe necesariamente, admitida sin discusión desde la fe, se alcanza armonizando las verdades de la revelación con los datos de la razón, y a diferencia de Santo Tomás, que fundamenta en cinco vías la demostración de la existencia de Dios, Ibn-Rusd sólo la fundamenta en dos: el movimiento eterno de los cuerpos celestes y el orden finalístico del cosmos. Averroes une a la fe islámica con los principios de la razón y, para él, la cuestión no está en aceptar desde la fe la existencia de Dios; el problema consiste en cómo se alcanza la posición de su existencia y la noción de "ser necesario". Miguel Castillejo Gorraiz tiene profundos estudios sobre Averroes, uno Las pruebas de la existencia de Dios en Averroes, de 1998, y el otro, Averroes el Aquinatense Islámico.

Yo no soy físico ni matemático, sino jurista, y como tal conozco un principio que dice que nadie da lo que no tiene, y aplicándolo a nuestro caso, la nada no puede dar más que nada y en nada no existen las leyes de la física, ni de la gravedad, ni matemáticas, no existe nada, y la nada no puede autocrearse. Como ha dicho mi compañero Rafael Padilla en este mismo periódico, el Universo no podría existir sin un Hacedor.

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