Desde el fénix

José Ramón Del Río

Jueves Santo

EL que, como yo, ha nacido y vivido en su niñez en una casa cuyo balcón y cierros dan a la "carrera oficial", un Jueves Santo no puede escribir de otra cosa que no sea de la Semana Santa procesional. De los tres jueves del año que "relucían más que el sol", ya sólo nos queda éste como festivo, y ni siquiera lo es en todos los lugares de España. Aquí, en Andalucía, sí lo es, gracias a la fuerza social que supone el elevado número de cofradías de penitencia. No hay ninguna manifestación, entre nosotros que convoque a tanta gente en la calle. Contra lo que pudiere parecer este esplendor no empalidece otros significados del Jueves Santo, como conmemoración de la institución de la Eucarística, o del "amor fraterno" sino que, precisamente, los traen a la memoria de la gente.

Ya no hay soldados escoltando los pasos. Antes y desde el Jueves Santo, llevaban los fusiles "a la funerala". Sólo hoy en el mundo rural se cuelgan las escopetas boca abajo el Jueves y el Viernes Santo, como señal de respeto a la pasión y muerte de Nuestro Señor. En el verso de Pemán la tarde de Jueves Santo era "triste y amarilla/cuando van por maravilla/ las mujeres con mantilla y los obispos a pie". Triste y bien triste era para los jovencitos que lo éramos en los 40 o 50, a los que, con recompensa o sin ella, se nos obligaba a acompañar, vestidos con el traje azul, a la hermana o amiga de la casa, que se "ponía de largo" vistiendo la mantilla.

Antonio Burgos, superando su propia maestría, ha pregonado la Semana Santa de Sevilla. Nos habla de la "Semana Santa soñada" que ya no existe más que en nuestro corazón y en nuestro recuerdo y de todo su espléndido pregón me quedo con la Semana Santa "soñada", porque año tras año, día tras día, desde el Domingo de Ramos hasta el Viernes Santo busco en las calles y plazas de Cádiz la Semana Santa que tengo en el recuerdo. Sigo buscando al penitente de Afligidos, camino de San Lorenzo, la tarde del Jueves Santo, que se nos cruzó cuando acompañaba a mi "mantilla": la túnica de raso de color guinda, ceñida con cordón de oro, celeste el corto capirote, guantes blancos, zapatos de hebilla y el pañuelito de encaje en el cíngulo, con los corazones bordados. También esta tarde de Jueves Santo buscaré el recuerdo del Nazareno de Santa María, Regidor Perpetuo de Cádiz, bajando por las calles Botica, de los Escribanos, del Boquete, de la Goleta, de Pes; esas calles que, como dijo Aramburu, de diez casas, cinco son tabernas, tres ultramarinos y coloniales de montañeses, calles hechas laberintos, sin más salida que el mar. En la tarde del Jueves Santo -y a esto se referiría Pemán- nos empieza a entrar la tristeza de otra Semana Santa que se nos va. Pero, por cierto, ¿cuándo cae la próxima?

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