PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Mano de obra colombiana

ENTRE todos debemos hacer un esfuerzo para aportar datos y referencias concretas al debate sobre la inmigración, en lugar de jibarizar la realidad con diatribas y simplificaciones, con miedos y con candores. La pasada semana, un camarero colombiano (o un colombiano que trabaja de camarero, como ustedes prefieran) me confesó que lee mis artículos, y me recordó que hacía tiempo no dedicaba uno a los inmigrantes. De natural es más agradable que Arias Cañete, y sirve la comida y el café mejor que el ex ministro. A él, y a todos ustedes, les hago saber que el mismo día en que el dirigente del PP desbarró sobre los camareros y las mamografías (eso le pasa por rumiar su papel de subalterno de Manuel Pizarro), en el Consulado de Colombia en Sevilla se firmó un convenio entre la Embajada de Colombia en España y la Fundación Adecco para la selección de personal en dicho país entre los más desfavorecidos en el mercado laboral, impartiéndoles un programa de empleo auspiciado por la Organización Internacional del Trabajo. Seguro que alguno pasa de cultivar café en Colombia a servirlo en una cafetería de Sevilla.

El mundo globalizado es también el de las mafias que delinquen o trafican con seres humanos. Pero las lacras no pueden eclipsar a la mayoría, ni que se están trabando nuevos sistemas y acuerdos que favorecen la contratación y formación en origen, el trabajo en condiciones dignas y la integración de los inmigrantes en igualdad de oportunidades, estudiando sus características personales para evitar que se conviertan en mano de obra indiscriminada que caiga con facilidad en el paro cuando llega la recesión. De eso pueden hablar, mucho mejor que Arias Cañete, el sevillano Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco, y la cónsul de Colombia en Sevilla, Carmen Caballero. Porque los políticos profesionales son quienes menos relación tienen con la realidad del empleo y del paro, aunque presuman de crearlo o reducirlo.

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