Cuchillo sin filo

Francisco Correal

Mira qué cosa más linda

HE empezado a leer con interés y agrado, porque se lee sola, la última novela de Andrés Neumann. El viajero del siglo describe a la perfección los afanes que uno deja en el origen del viaje, los que busca en el destino. Los viajeros del vuelo de Air France sumergidos en las aguas del Océano Atlántico volaban entre dos de las ciudades que realmente han contribuido a hacer un mundo más alegre, más igual, más libre. De Río de Janeiro a París, un eterno sambódromo con lo mejor de las revoluciones. El Carnaval y la Marsellesa, las únicas revueltas que no devoraron a los revolucionarios.

Antonio Carlos Jobim da nombre a uno de los dos aeropuertos de Río de Janeiro. En 1962, este músico brasileño y su amigo Vinicius de Moraes veían todos los días desde las cristaleras del bar Veloso a una joven brasileña del barrio de Ipanema que caminaba hacia una de las playas de Río. Esa muchacha, que hoy podría pasar por su propia abuela, se llamaba y se llama Heloisa Eneida Menezes Pao Pinto, aunque hasta en el rincón más recóndito del mundo la bossa nova la ha inmortalizado como la chica de Ipanema.

Cuarenta años después de que este binomio de artistas rozara la perfección con esa canción, la chica de Ipanema cogió un avión en el aeropuerto Antonio Carlos Jobim y cruzó el charco. Desde entonces, vive en mi casa. Todo empezó cuando mis amigos Luis y Carmen se fueron de luna de miel a Brasil. Con su amor estrenado, reluciente, fueron tan generosos como para tener este detalle transoceánico. Un día sonó el timbre de mi casa. Era Luis y me traía una camiseta con los nombres de Vinicius de Moraes y Antonio Carlos Jobim y la letra entera en portugués de Garota de Ipanema. No me invento nada si cuento que cuando sonó el timbre yo estaba viendo uno de los dos partidos que Brasil jugó contra Turquía en el Mundial de Japón y Corea. Era el verano de 2002. Desde entonces, todos los veranos mis hijas han leído la canción impresa en la camiseta que su padre se ponía para mitigar los efectos letales del sol en su piel. Mira qué cosa más linda.

Aquel Mundial lo ganó Brasil y el partido inaugural lo jugaron Francia y Senegal. Los tres países que habitualmente une la línea de Air France a la que pertenece el avión siniestrado. Brasil es la América de África, una especie de Portugal transterrado que como frontera tiene un tratado de Tordesillas. El océano para los futbolistas brasileños es como el pasillo de su casa. He tarareado la canción de los clientes del bar Veloso y he pensado lo endeble que es la línea que separa la vida de la muerte. De Carmen y Luis no digo sus oficios ni sus apellidos. Su amor duró muy poco. Mucho menos que la camiseta de Ipanema.

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