Las dos orillas

josé Joaquín / león

Modelo griego

Apropósito de las encuestas, el auge de Podemos, el triunfo de Syriza y todo eso, hemos entrado en un modelo de tragedia griega. Parece que aquí se está repitiendo con retraso lo peor de Grecia. Y que Pablo Iglesias lo sabe, y ha montado con Podemos una especie de Syriza cañí. De manera que le bastaría con sentarse para que pasen los cadáveres políticos del PSOE e IU. Y así se convertiría en la única alternativa de izquierda. Es verdad que Pedro Sánchez le ha facilitado el trabajo. Pero no es tan sencillo que Podemos llegue al poder, y tampoco es seguro que le interese a corto plazo, pues en un gobierno no duraría más de dos años, que sería el tiempo suficiente para frustrar a sus votantes.

Tsipras se lo tomó con calma. Syriza no ganó a las primeras de cambio. Sabe Pablo Iglesias que creando expectativas está mucho mejor. Y siendo el líder de la oposición tendría más posibilidades de consolidarse como personaje, sobre todo si el PP no consigue una mayoría clara. Aunque si no llega pronto al poder, eso también tiene un riesgo. Aparte del caso Monedero, después de las municipales le pudiera aparecer alguna que otra manzana podrida, pues no están exentos de ese riesgo ni siquiera las mejores familias y círculos.

Recordemos que lo de Grecia no ha pasado por casualidad y que hay algunos paralelismos. Al calor de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, con las obras e inversiones consecuentes y el chorro de millones que se manejaba, surgió una gran oleada de corrupción. Pasó lo mismo que aquí con algunas mordidas, que se vieron favorecidas por la burbuja inmobiliaria. A partir de ahí entran en juego dos personajes funestos, ambos socialistas, como son Yorgos Papandréu en Grecia y Zapatero en España, que se equivocaron a lo loco con la crisis y han dejado a sus partidos (el Pasok y el PSOE, respectivamente) tocados y hundidos como castigo. Luego llegaron Samaras y Rajoy, en el momento malo, con recortes terapéuticos, que en Grecia han sido aún más duros y dolorosos .

Se añade que entre los griegos y los españoles hay algunas personas de picaresca genuina. No sólo existe corrupción en la política, sino que allí y aquí tenemos más de un 30% de economía sumergida y cierta tendencia al fraude fiscal, por si cuela. Y en ambos países hay algunos ciudadanos que creen que el dinero público llueve del cielo, y que se puede gastar sin freno. Aun así no es lo mismo. Aquí estamos mejor, dentro de lo que cabe. A eso se le llama en Europa el milagro de España.

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