La esquina

Nadie tiene la exclusiva

NO hay que darle excesiva importancia a la agresión verbal sufrida por el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, durante el acto de recuerdo y homenaje al concejal Jiménez Becerril y su esposa en el décimo aniversario de su asesinato a manos de ETA. A la ciudadana que le increpó ya le conozco actuaciones semejantes en el pasado. Ella sabrá por qué tanta insistencia.

No representa a nadie más que a sí misma, de modo que el incidente, aparte de incordiar al alcalde y estropear un poco la emoción de una memoria muy sentida, carece de recorrido y significado. Oigo en las radios que nunca ha habido tanta crispación social a cuenta del terrorismo. Qué fácil es olvidar: en los años ochenta las autoridades civiles eran insultadas y zarandeadas en los entierros de víctimas de ETA y las autoridades militares eran incitadas a la rebelión contra el poder legítimo, no por individuos aislados, sino por una masa virulenta.

Más grave me parece que personas cualificadas de la vida política y social sigan manteniendo un discurso simplificador y excluyente en relación con el terrorismo, un discurso en el que los diagnósticos y recetas para combatirlo se convierten en dogmas infalibles, fuera de los cuales no cabe más que la traición y la indignidad. Son personas que se erigen en albaceas políticos de las víctimas y utilizan el sufrimiento de éstas para arrojárselo a la cara a sus adversarios en la vida pública, como si la sangre de los inocentes les perteneciera en exclusiva y ningún otro pudiera expresar su consternación o su solidaridad de manera distinta a la que ellos mismos han elaborado.

Ningún demócrata, ningún ser humano decente, puede ver cuestionada su inequívoca posición de rechazo a los terroristas por que la expresión de esa condena suya no coincida con la de otros. Al alcalde Monteseirín lo critican como tibio tan sólo por la redacción de una esquela que ni siquiera ha escrito él (es la misma que aprobó en su día una alcaldesa del PP). Lo llaman traidor porque el partido al que pertenece (PSOE) ha negociado con ETA desde el Gobierno, como intentaron en su momento González y Aznar. El proceso de paz de Zapatero ha estado lleno de errores -ya lo he dicho unas cuantas veces-, pero deducir de ahí que el alcalde de Sevilla ha traicionado a las víctimas del terrorismo supone un lamentable salto en el vacío intelectual, histórico y ético.

Éste será un país normal cuando consigamos que los adversarios no sean tratados como enemigos. El enemigo es ETA, y no hay más. Lo otro son discrepancias sobre qué hay que hacer frente a ETA y cómo derrotarla. En ese terreno nadie debería olvidar su propio pasado ni cerrarse al futuro posible. Todos han hecho de todo.

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