La esquina

josé / aguilar

Pablo contra la unidad popular

LOS dos sectores políticos más dañados por el personalismo de Pablo Iglesias no se han resignado. Acaba de nacer Ahora en Común, una plataforma alternativa a Podemos que pretende disputarle parte de su electorado concurriendo a las elecciones generales con candidaturas que llaman de unidad popular. Es una tradición de la izquierda: toda división en sus filas se hace en nombre de la unidad. Mientras más grupos se fundan más unitarios se reclaman. La vida de Brian revolotea sobre el panorama político español. ¡Qué cruz!

¿Quiénes están impulsando Ahora en Común? Por una parte, claramente, la Izquierda Unida liderada por Alberto Garzón, que ya le propuso a Iglesias días atrás negociar listas unitarias de las dos organizaciones, y abiertas a otras, recibiendo del jefe podemita un espectacular ninguneo, propio del poderoso emergente a cuya puerta llama el débil semisumergido. Venid todos de uno en uno y con el carné -de IU- en la boca, vino a decirle Pablo a su amigo Alberto.

Por otra, las propias minorías radicales de Podemos, descontentas con el giro de Pablo Iglesias hacia la moderación y, en particular, con el manejo de las primarias internas en beneficio de su propio liderazgo y control y la privación a los militantes incluso del derecho a elegir a los candidatos de sus provincias. Cargos públicos y líderes territoriales de Podemos se han incorporado de inmediato a la nueva plataforma. Su presencia no tardará mucho en derivar en conflicto: ¿cómo van a seguir militando en Podemos si participan en una organización distinta que competirá con Podemos en las urnas?

Si bien se mira, los fundadores de este movimiento no hacen más que extender a las generales la estrategia promovida por Pablo Iglesias en las recientes autonómicas y municipales: candidaturas de unidad de la izquierda no socialdemócrata, forjadas en las "mareas" ciudadanas y sin siglas partidistas, que se hicieron con los ayuntamientos de Madrid, Barcelona, Zaragoza, Santiago o Cádiz. Consideran imprescindible, tras el éxito, repetir la experiencia de cara a las generales, mientras que Pablo ha cambiado de opinión. Ve fuerte a Podemos y no acepta aliados en pide de igualdad, sino secundarios sumisos a sus siglas y a su persona.

Lo justifica con un nuevo ejercicio de travestismo: las elecciones no puede ganarla la izquierda, sino "la gente".

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