LA promotora que construye el centro comercial en la Plaza de los Luceros de Alcosa, cuyos muros se alzan a tan sólo 1,90 metros de las casas colindantes y obligan a sus habitantes a vivir permanentemente con las lámparas encendidas por falta de luz natural, ha exigido al Ayuntamiento 9 millones de euros como compensación por demolerlo. El centro comercial es perfectamente legal merced a una cadena de errores urbanísticos cometidos por la Gerencia de Urbanismo. Durante la redacción del PGOU, los técnicos, que trabajan cómodamente sobre plano en vez de sobre el terreno, calificaron una serie de parcelas del barrio como "terciario compacto", por pensar que todas estaban rodeadas de espacios libres. Ya se ha visto que no, aunque en Urbanismo, con 600 funcionarios que entre otros privilegios tienen el de jornada reducida los viernes para poder llegar antes a la playa, ni se enteraron. Dado que la petición de licencia se ajustaba a lo establecido en el PGOU, el proyecto obtuvo permiso de obras. Sólo cuando los vecinos de la Plaza de los Luceros se vieron sometidos a un eclipse casi total en pleno día y se movilizó un barrio tradicionalmente combativo como Alcosa, Urbanismo reaccionó. Sus técnicos, como vieron que todo era legal debido a sus propios errores, anunciaron una paralización ficticia de la obra por motivos menores que sirvieran al menos para justificar la negativa a otorgar licencia de apertura en virtud de alguna norma medioambiental. Al final, como es evidente que las causas de la situación son achacables al Ayuntamiento, habrá que compensar al promotor. Será a costa del contribuyente, bien mediante suelo, bien mediante otra fórmula, sin que aquí dimita nadie ni se pidan responsabilidades políticas ni de ningún tipo. Es el sino de los sevillanos. Recuérdese que lo mismo ocurrió cuando tras el pacto de Monteseirín con IU, que significó la renuncia al primitivo proyecto en el solar del antiguo mercado de la Encarnación (votado cinco veces a favor por el alcalde cuando estaba coligado con el PA), hubo que compensar a la empresa Martín Casillas hasta por el lucro cesante. Sevilla acaba siempre pagando los platos rotos.

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