hoja de ruta

Ignacio Martínez

Los dos Rosell

LOS dos Rosell catalanes que están en el candelero nacional desde hace poco son muy distintos. El de la CEOE se ha lucido con su dominio del escenario y sus respuestas inteligentes en la rueda de prensa para protestar por el borrador gubernamental del decreto que sustituía al fracasado acuerdo sobre negociación colectiva. Hasta ahora eran los sindicalistas los maestros en estas puestas en escena. De hecho, tanto Toxo como Méndez son muy buenos en estas lides. Al sindicalista, su oficio le obliga a bordar esta asignatura, de tanto arengar a los compañeros de taller, de fábrica, de tajo.

Pero hasta ahora no había habido un presidente de la CEOE tan mediático como Joan Rosell. Que me perdone Santiago Herrero, pero Rosell es mejor que él en este campo. Lo que pasa es que quizá Herrero habría sido capaz de lograr un acuerdo sobre la negociación colectiva. Quién sabe. En todo caso, disgustado como parecía y todo, a Rosell le ha venido muy bien este rifirrafe con el Gobierno. Ha lucido sus virtudes. El otro Rosell es más discreto. Se diría que le cuesta trabajo aparecer y dar grandes discursos. No está en su salsa, como le pasaba a su rival dentro del club, Joan Laporta. O como le pasa a su rival fuera, Florentino Pérez. Pero Sandro Rosell el otro día ha lanzado un desafío a su colega madridista. Le va a dar una segunda oportunidad, por si es capaz de domar al faltón de Mourinho.

Mal va por ese camino el Rosell barcelonista. Debería saber que el presidente de la Casa Blanca ha dado todo el poder a su entrenador, que es para él el mejor del mundo, y acaba de entregarle un finiquito de 2,5 millones de euros a Jorge Valdano para que no moleste al delicado portugués. Es curioso este tipo de duros, que se encuentran en el deporte, en la política o en cualquier ámbito de la vida; tienen la barbilla de cristal y muy mal perder. Mou dijo que al Barcelona le debería dar vergüenza haber ganado dos Champions con ayudas de los árbitros, o las tres si contamos la injusta eliminación del Madrid, que tanto hirió el amor propio del niño bonito de don Florentino.

Para que no se crea que siempre va a ser así, don Sandro ha mandado unos recados al Madrid: las descalificaciones a su club no pueden repetirse, la actitud de Mourinho traspasó los límites de la rivalidad deportiva, ruedas de prensa así avergüenzan a cualquier deportista y si hace falta, el Barça acudirá a los tribunales. Amagó, le costó, pero lo dijo. El Madrid calificó sus palabras de graves e injustas. El asunto promete tener continuidad. Se da la paradoja de que los que apoyan a un Rosell, el empresariado que manda en la CEIM madrileña, fiel a Esperanza Aguirre, es muy madridista. Y por tanto adversario del otro Rosell. Sea como fuere, ambos se han convertido en dos de las personas más influyentes del país.

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