Crónica Personal

Pilar Cernuda

Sucedió en Grecia

SUCEDIÓ en Grecia pero en España estábamos con vilo; lo que sucedía en Grecia afectaba directamente a nuestra economía y a nuestros apoyos internacionales, que son básicos: cuando se conoció la noticia de que Papandreu había conseguido sacar adelante su plan de ajuste, en el Congreso de los Diputados, donde se preparaban las propuestas de resolución tras el Debate sobre el estado de la Nación, se escucharon murmullos y suspiros de alivio.

Nos importaba Grecia por sí misma, por los griegos, por su futuro, por su calidad de vida, por su papel dentro de la Unión Europea, pero nos importaba también y sobre todo porque el futuro de la UE estaba muy condicionado por la aprobación parlamentaria del proyecto que presentaba Papandreu y dentro de la UE el futuro de España quedaba en suspenso mientras no se resolviera la situación de los griegos.

Somos dos países completamente distintos y la situación no es ni siquiera parecida, pero para desgracia nuestra en Bruselas se había asentado la idea de que los países mediterráneos no son fiables económicamente y si el jefe del Gobierno griego no lograba superar su delicadísima situación sin ninguna duda la credibilidad de España quedaría afectada. Y si queda afectada la credibilidad de un país las inversiones se resisten y desde Bruselas se incrementa la resistencia a acudir en ayuda de un miembro que atraviesa malos momentos.

Se repetía estos días en las cancillerías europeas que el problema de Grecia era que Papandreu se había negado a pagar la deuda contraída por su antecesor Karamanlis y que en España podría suceder algo parecido si, en el caso de que Rajoy ganara las elecciones, se negara a asumir los destrozos del Gobierno Zapatero. No existía ninguna base para ese tipo de rumorología, ni España es Grecia, ni el Gobierno de Zapatero se ha endeudado tanto como el de Karamanlis, ni Rajoy es un dirigente al que tenga sin cuidado incumplir sus compromisos, pero ese tipo de especulaciones provocan un daño incuestionable a la imagen de un país y a la de su Gobierno.

Por tanto, que Papandreu haya logrado salvar el escollo parlamentario es una excelente noticia en este lado del Mediterráneo. Por los griegos, desde luego, pero también por los españoles. Rajoy no es un político que se quite de en medio con un manotazo los compromisos adquiridos por otros gobernantes, pero habrá quien piense que, si es presidente, tratará de eludir las deudas de Zapatero. No va a ocurrir, digan lo que digan en Bruselas. Hillary Clinton llegará a Madrid en las próximas horas y ha pedido ver a Rajoy. Todo un dato, y el líder del PP debería aprovechar la ocasión para insistir que los españoles son serios, tienen palabra y pagan lo que deben. No vaya a ser que nos traten como a los griegos.

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