A contraluz

Joaquín / Rodríguez / Mateos

Teoría y realidad

EN el umbral de una nueva Cuaresma, no quiero dejar pasar la oportunidad de reivindicar a uno de los más finos analistas de nuestra Semana Santa, sobre el que cayó el baldón del malditismo y su letanía de silencio. Ha pasado casi inadvertido entre los enteraos de este mundillo -como él mismo- el 75 aniversario de la publicación de Semana Santa. Teoría y realidad, de Antonio Núñez de Herrera, una esplendorosa flor entre el erial de la infraliteratura semanasantera. Pero sobre todo, y por encima de su innegable calidad literaria, valoro lo que supuso de sutil e inteligente introspección en un mundo demasiado encorsetado de lecturas oficialistas, para descubrir, a todo quien lo quiso leer, la auténtica alma popular de la fiesta y del rito. Frente a la lectura única de la Semana Santa, frente a la simplificación de su sentido, frente a la reducción de sus significados hizo aflorar el auténtico pálpito de todo un pueblo, por encima de militancias ideológicas, colores políticos o pertenencias sociales. Tan sólo con el carnet de la emoción, del sentimiento y de la vivencia. Pero siempre, y sobre todo, sin olvidar al verdadero protagonista de la celebración: a ese cofrade anónimo que, sea quien sea, y cualesquiera que fueran sus motivaciones, es la verdadera alma de la Semana Santa.

Aquel librito fue una bocanada de aire fresco, de guasa irónica y de inteligencia literaria para sacarle sus zumos a una ciudad compleja y diversa. Compleja por lo abigarrado de todo cuanto en ella se amalgama; diversa por las muchas formas en que la realidad se agazapa, bajo los muchos ropajes de los personajes de esta peculiar comedia del arte. Pero resulta irónica, no obstante, su tremenda actualidad, si sabemos trasmutar correctamente los escenarios y superar las diferencias entre los contextos en el que fue escrita la obra -en la Sevilla de la II República- y en el que hoy podemos leerla, superado ya el postmodernismo. Tres cuartos de siglo más tarde, debería ser ésta lectura obligada para tanto indocumentado de fachada azul marino, como bálsamo y medicina de un tiempo ciertamente maniqueo. Y lo que falte lo suplirá el espíritu.

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