la ciudad y los días

Carlos Colón

Trabajo y salud

DE las dos peticiones que se hacen cada año nuevo, salud y trabajo, se suele poner siempre por delante la primera. Es comprensible. La salud es un bien precioso que garantiza la normalidad, la bendita rutina que hace que un día sea igual a otro, la autonomía personal, la ausencia de dolor o de limitaciones. La vida misma, en definitiva, depende de la salud.

Yo doy la misma importancia a las dos peticiones. Y si me apuran, hasta le daría más al trabajo. Pocas familias conozco que se hayan hundido o desintegrado a causa de problemas de salud o de fallecimientos. Sólo casos excepcionalmente dramáticos lo logran.

Desgraciadamente conozco muchos más casos de familias rotas, caracteres agriados, desesperación que en ocasiones conduce a acciones insensatas, degradación y abandono personal a causa del paro.

Antiguamente ambos males solían coincidir cuando el padre de familia desaparecía y al duelo por la muerte se unía la angustia por la subsistencia. "Se llevó la llave de la despensa", se decía.

Actualmente, gracias a la incorporación de la mujer al trabajo y a las prestaciones sociales -por insuficientes que sean-, no es frecuente que la enfermedad o el fallecimiento de uno de los cónyuges añada más dolor al dolor.

En el caso del paro, sin embargo, las prestaciones sociales no logran paliar la terrible situación de quienes se ven privados de trabajo. Y no sólo porque sean insuficientes. Alguien me contaba hace poco el penoso espectáculo de un buen trabajador, hombre alegre, excelente marido y padre, a quien el paro ha ido reduciendo a un ser pasivo, agriado, privado de voluntad tras intentar inútilmente encontrar trabajo, devorado por el sofá en el que se pasa los días absorbido por la televisión. Salen adelante porque la mujer tiene un modesto empleo y por la prestación de desempleo. Pero a él eso no le sirve.

Sobrevive, no vive, sintiéndose inútil, dejando pasar días sin horizonte de esperanza.

El trabajo, por duro que sea, dignifica, ordena los días y les da sentido, ocupa las horas en lo que alguien llamó con acierto la dignidad del hacer. Por eso la noticia de que el paro haya subido en la provincia de Sevilla hasta los 227.731 desempleados es una tragedia colectiva que suma más de doscientas mil tragedias personales y familiares. Que en Andalucía alcanzan la cifra escalofriante de casi un millón. El número de parados andaluces supera en trescientos mil a los habitantes de Sevilla, la mayor ciudad andaluza. El número de parados en la provincia de Sevilla supera la suma de los habitantes de sus tres municipios más poblados. Una pandemia de desesperación, abandono y depresión.

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