Desde mi córner

Luis Carlos Peris

¿Se atropella la razón con Sergio?

El catalán es importantísimo para el Betis, pero siempre y cuando se halle en debidas condiciones de competir

DENTRO de la vorágine que vive el Betis en este tramo postrero de la Liga, un asunto que me parece inquietante. Es el de querer contar con Sergio García a toda costa después de una intervención quirúrgica que a simple vista parece demasiado cercana en el tiempo como para que el excelente futbolista catalán dé un porcentaje alto de lo que atesora. ¿No se podría atropellar la razón demandándole un gran esfuerzo antes de lo aconsejable? ¿No es una falta de delicadeza con el resto de un plantel que observa cómo se prefiere a un compañero en tres cilindros antes que a ellos? Preguntas para un tema, insisto, inquietante.

Y en este escenario se está jugando el Betis una parte importante de su contemporaneidad. Ya dije aquí que al Betis sólo le queda un nueve de nueve puntos y rezar todo lo que sepa. Y en este paisaje cierto es que contar con Sergio puede ser decisivo, ya que el catalán es el mascarón de proa de este Betis que se ve inmerso en una situación que ni a echarse a soñar aquel infausto mediodía de hace un mes con el Murcia. Sergio es importantísimo para el Betis, pero cuando se acumulan tantas dudas a tan poco tiempo de todo resulta, como mínimo, imprudente vestirlo de corto para que sea el que saque las castañas de esa infernal hoguera que se avecina.

Sergio es, sin duda, vital para el Betis, pero más vital es que los once que vayan a defender la rayada estén al cien por cien y no en tres cilindros. Se está creando, además, un estado de ansiedad que no es bueno para la fiebre que vive el bético ante lo que está por venir. Si juega Sergio estaríamos ante una noticia muy buena, pero es que si estuviera en condiciones de competir no se estarían generando tantas dudas como surgen del nido verde, blanco y verde. Si la fumata es blanca, miel sobre hojuelas, pero cuando todo es tan dubitativo, no parecería esa fumata blanca natural sino forzada y lo que está en juego no es para afrontarlo con la cabeza preñada de titubeos.

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