Hoja de ruta

Ignacio Martínez

El bueno, el feo y el malo

HAY una nueva estrella en el firmamento político español. Casi sin darnos cuenta José Blanco, vicesecretario del PSOE, antiguo martillo de herejes populares, vilipendiado con el despectivo mote de Pepiño, se ha convertido en el hombre fuerte del Gobierno. Y está, como Tom Cruise, al frente de una misión imposible: conseguir un pacto estratégico sobre política económica que dé oxígeno a un presidente al borde de la asfixia y confianza a un país víctima de la ansiedad. En realidad, hasta su nombramiento como ministro de Fomento, Blanco era el tonton macut de Zapatero. Golpeaba con duras palabras a todo bicho viviente en la acera del PP, con frases leídas no siempre con acierto, destinadas al bombardeo televisivo. Su sustitución por Leire Pajín ha agigantado su figura, por simple comparación. Y su reciclaje institucional le ha procurado elogios de propios y extraños. Sin ir más lejos, Esperanza Aguirre o Francisco Camps han agradecido su buena disposición para el entendimiento y la colaboración. Cosa que, de camino, ha puesto en evidencia a Magdalena Álvarez.

Quizá la cuestión que más desairada ha dejado a la ex ministra andaluza ha sido cómo Fomento, con Concha Gutiérrez como secretaria de Estado de la cosa, le ha metido mano al escandaloso estatus laboral y salarial de los controladores aéreos. Aquí Blanco ha salido a hombros por la puerta grande. De momento. Los controladores no han dicho la última palabra. Pero la nueva estrella política ha cogido mucho lustre con el decreto en el que liberaliza el control del tráfico aéreo e intenta poner orden en un colectivo de 2.300 controladores, de los que unos pocos ganan más de 900.000 euros; 28, más de 700.000; 135, más de 600.000, y 713 tienen un sueldo entre los 360.000 y los 540.000 euros.

Con Blanco se ha producido el mismo efecto que con los chistes de Morán, el primer ministro de Exteriores de Felipe González, a quien se atribuía en todos los chascarrillos el papel de memo. Como el aludido era de categoría, salió reforzado del envite. Aunque, eso sí, Morán no congenió con Felipe y duró sólo dos años y medio en el cargo. Por cierto, fue sustituido por Fernández Ordóñez, que ha sido el mejor ministro de Exteriores de la democracia desde 1977 hasta ahora.

Queda establecido que el feo de la política española ha sido Blanco, convertido en guapo como el sapo en príncipe, hasta el punto de que hay quien le ve posibilidades de sustituir a Zapatero. Ahora, queda lo más fácil: el bueno no ofrece duda. El buenismo inspira toda la filosofía de Zapatero. Y el malo es, por definición, su antagonista. Rajoy lleva dos años pidiendo reformas y austeridad. Por eso Zapatero corteja personalmente a nacionalistas catalanes y vascos y manda a Blanco, Salgado y Sebastián a lidiar con los malos. Lo feo que lo haga otro...

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