Desde el fénix

José Ramón Del Río

El lobo y Caperucita

DIARIO de Cádiz, uno de los nueve periódicos que integran el Grupo Joly, como tiene una antigüedad de 144 años, se permite el lujo de dedicar diariamente una de sus páginas a reflejar las noticias más interesantes del mismo día de hace, respectivamente, 125, 100, 75,50 y 25 años. Hace pocos días, y en lo que respecta a hace 25 años, recogía el asesinato del vicealmirante Cristóbal Colón de Carvajal, a manos de ETA. Sin duda que fue elegido, para atentar contra su vida, por la notoriedad que le daba ser descendiente del descubridor de América, porque, aparte de esto y de su ducado, no era sino un miembro más de las Fuerzas Armadas, sin especial significado político. El acto terrorista, cometido mediante el lanzamiento de una granada al interior del coche en que viajaba, costó también la vida a su chofer, e hirió gravemente a su ayudante, demostrándose así una vez más que el terrorismo busca ensanchar su eco con la desmesura.

En el mismo periódico, páginas después, leo que Batasuna va a registrar en el Ministerio del Interior -y así lo ha hecho, cuando lea estas líneas- los estatutos de un partido político para presentarse en las próximas elecciones municipales. Batasuna no puede hacerlo con sus propias siglas, porque está ilegalizada en aplicación de la Ley de Partidos Políticos del año 2002. También en ese año fue incluida en la lista de organizaciones terroristas en USA. Aunque no aceptó su ilegalización, recurriéndola, primero ante el Tribunal Supremo y luego ante el Tribunal Constitucional, que la confirmaron por considerarla parte de ETA, acudió, no obstante, al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, demandando su amparo, el que se lo denegó en junio de 2009, por entender que ningún derecho humano se había violado a sus afiliados. Desde su ilegalización, lleva hasta siete intentos para comparecer a las elecciones, con distintas formas y nombres, sin haberlo conseguido más que a través de partidos sin actividad y con listas no contaminadas.

He oído y leído a comentaristas que entienden que si el nuevo partido rechaza en sus estatutos la violencia, debe, sin más, ser admitido, en las próximas elecciones. Otros no olvidan que Batasuna sigue siendo ETA, con una ejecutoria de casi mil crímenes, y que ETA lo más que llega a ofrecer es una "tregua", que se salta cuando le interesa. Lo menos que podía exigirse al nuevo partido es que consiguiera de ETA que avalara su rechazo a la violencia, empeñando también su palabra. Primero la abuelita y luego Caperucita, se fiaron de las palabras del lobo y todos sabemos la suerte que corrieron. ¿Bastará ahora una declaración de buenas intenciones, sin pedirle nada más a cambio?

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