Cosas que pasan

Ricardo Castillejo

La reaparición de Farruquito

SI asistir a una fiesta no implicara arreglarse, adoptar una actitud concreta de cierta superficialidad, repartir saludos entre todos aquellos que quieren que les cuentes curiosidades de fulanito o menganita, y, sobre todo, estar hasta las tantas fuera de tu casa, posiblemente iría a muchas más. Y es que, desde un punto de vista informativo, no hay nada como un sarao para tirar de un hilo y llegar hasta el centro mismo de la madeja.

No quisiera encelar a Teseo pero, esta misma semana, su amante Ariadna me ha tendido -precisamente durante una pasada noche de ronda- un delicado sedal que me ha conducido por el laberinto que rodea y protege a Farruquito y que, tirando y tirando con suavidad -para no dañarme las manos-, me ha situado frente al que es su inminente regreso a los escenarios, a mediados del mes próximo, con un espectáculo titulado Puro en el que se está empleando a fondo desde que consiguió el tercer grado penitenciario que disfruta en la actualidad.

Acompañado de grandes flamencos como Manuel Molina o La Tana, Juan Manuel ha ideado un espectacular montaje en el que, día, tarde y noche, está inmerso y muy ilusionado. Una puesta en escena para la que, según tengo entendido, ha preferido prescindir de los integrantes directos de su familia y rodearse de estas otras figuras que, si bien muy cercanas a él en sentimiento, no llevan su mismo apellido: Fernández Montoya. Por eso, ni su madre, Rosario, La Farruca, ni su tía, La Faraona, ni sus hermanos estarán esta vez en el cartel de algo que se está gestando en un local de ensayos de Sevilla y que tiene cerradas varias fechas de representación (algo sin anunciar aún en ningún lado puesto que, todo esto de lo que se están ustedes enterando a través de estas líneas, es una exclusiva que les brinda este medio y, por ende, servidor). Farruquito, más calmado de ánimos, está deseando pisar otra vez un teatro donde, estoy convencido, volverá a reencontrarse cara a cara con esa verdad que desemboca directamente en la libertad que tanto ha añorado. Ya queda menos…

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