Tribuna

javier gonzález cotta

Escritor y periodista

Con acento catalán

Con acento catalán Con acento catalán

Con acento catalán

Quizá la tortura añadida que nos ha traído la matraca del procés ha sido el escuchar a los catalanes a diario por radio y televisión. Quiere decirse el tormento de tener que escuchar al catalán hablando en castellano, que no al catalán que habla en catalán. Como es sabido, esta operación vernácula entre catalanes cobró nuevos bríos a mitad del XIX con la Reinaxença, la Oda a la patria de Aribau o los excitantes Jocs Florals de antaño.

Decía el gran Julio Camba, a quien evocamos aquí, que los españoles no sienten recelo alguno por el hecho de que el catalán hable en catalán. La molestia, el dolor auditivo viene cuando el catalán habla en castellano con su terrible acento, durísimo como el pedernal. Si uno lo piensa un momento, pues va a ser verdad que quizá, aparte del elemento tributario o de la cosa supremacista, la falta de entendimiento entre España y esta parte de España sea debido a este problema irresoluble: el catalán que habla en español. Recordemos hace ya años al muy curil padre Mundina, aquel amigo de las plantas de nuestra perdida infancia. Si nos centramos sólo en política y en los facundos portavoces de ERC, el daño causado a nuestros oídos resulta irreparable: Àngel Colom, Pilar Rahola, Carod-Rovira o, en esta hora urgente de hoy, el inefable Joan Tardà o el mismísimo reo Oriol Junqueras.

Volviendo a Julio Camba, el caso es que hace justo un siglo, en 1917, el periodista enviado a Barcelona por Abc escribía cosas muy divertidas acerca del acento catalán. Nada espiritual -decía- podía decirse con el dejo catalán. Nada amable. Nada galante. Su humorismo, que de eso se trataba, no fue entendido por aquellos pagos, sobre todo en los días en los que soplaba la tramontana y el seny volaba como peluquín para caballero de Cadaqués a Salou. Llamaron a Camba "sarna nacional", "fermento de antepasados", "raza de decadencia", aparte de otros ensalmos de índole zoológica: "hiena", "cuervo", "chacal", etcétera.

Y eso que, a las faldas de Montjuic, el cronista había alabado la alegría del catalán, que no sólo era industrioso e industrial, sino que sabía divertirse, y comía y bebía y bailaba hasta la aurora. Gracias al mar, al sol mediterráneo (y a los aranceles), los catalanes en general gozaban de unos nervios nada excitados, lo que los diferenciaba de los madrileños. Cierto es que existía ese arrebato del nordeste ibérico, llamado rauxa. Y cierto es que entre los menestrales de Barcelona existía cierto afán por el anarquismo. Pero, tiros y bombas aparte, lo cierto es que a Camba los catalanes le parecían alegres (siempre que no estropearan el don contando chistes).

Esta simpática ojeriza con el acento catalán no la tuvo al principio como joven plumilla en la Carrera de San Jerónimo en Madrid. La editorial Espuela de Plata publica ahora sus Crónicas parlamentarias (1907-1909). El grueso está compuesto por los sueltos que fue publicando de mayo a junio de 1907 en España Nueva bajo el cintillo Diario de un escéptico. Durante el gobierno largo de Maura, Camba escribió también para El Mundo y el efímero El Intransigente de Lerroux. Incluso escribió para La Correspondencia de España en calidad de enviado al Estambul de los Jóvenes Turcos de 1908.

Como decíamos, bajo el ágora fraudulento de Las Cortes (recordemos el turnismo o la farsa del sufragio), Camba solía escuchar con interés a los oradores de Solidaridad Catalana. Por entonces no parecía sentir fastidio con su acento de piedra pómez. La labia de don Jaume Carner Romeu obedecía a la de un "gran tribuno". Cuando el señor Puig i Cadafalch ejercía su diatriba contra el Estado y contra los abusos del centralismo, el plumilla asentía en recuerdo de sus pinitos como anarquista primerizo. Asimismo creyó envejecer de súbito mientras el señor Vallés i Ribot, si bien con platina labia, glosaba el gran legado histórico que podía aportar Solidaridad Catalana. Ya en El Mundo, en su sección Palabras de un mundano, escuchó hablar algo iracundo al senador por Tarragona don Alberto Rusiñol i Prats (hermano del pintor Santiago Rusiñol), quien interpeló al Gobierno por haberse arriado la bandera catalana en un acto institucional de España en Santiago de Chile. Intolerable.

Uno se acuerda de todo esto tan jocoso sobre Julio Camba y el acento catalán cuando ahora se produce en los ambientes la tormenta perfecta. Quiere decirse cuando periodistas y tertulianos catalanes hablan sobre el horno catalán y lo hacen no en catalán, sino en español. No sabemos si transigir con Arcadi Espada o con Xavier Folch. Si escuchamos en la tele a Enric Juliana, su acento nos parece bendito si lo comparamos con el de Josep Ramoneda en la radio. Por cierto, dijo Ramoneda que esto del procés estaba provocando un "cansancio transversal" en todos. Dicho con acento catalán, lo que sería una pedantería bizantina nos parece una idiotez en bruto. Bien que podría labrarse sobre los roquedales de la abadía de Montserrat.

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