El Rocío

La procesión consuma el anhelo

  • El salto a la reja precede a la salida de la Blanca Paloma al encuentro de sus fieles en la aldea

La Virgen del Rocío en el altar del santuario marismeño, ayer La Virgen del Rocío en el altar del santuario marismeño, ayer

La Virgen del Rocío en el altar del santuario marismeño, ayer / alberto domínguez

El Rocío es la romería del pueblo de Almonte en honor de su Patrona, la Virgen del Rocío, la Blanca Paloma. Se trata de una manifestación mariana, que se ha convertido en un fenómeno religioso y cultural de tal envergadura que congrega a un millón de personas, un dato oficioso pero que en cualquier caso requiere del mayor dispositivo de seguridad y sanitario de Europa. Es el conocido como el Plan Romero, que incluye a su vez el Plan Caminos y el Plan Aldea.

La romería comienza oficialmente con la presentación de las hermandades filiales (121). Este es un acto más de los que se desarrollan durante la celebración, que tiene también otro punto de encuentro en la misa del domingo que reúne a cientos de feligreses. El rosario de las antorchas marca la cuenta atrás de la salida de la Virgen en procesión, el culmen de la romería. A las doce de la medianoche, las hermandades se congregan en el rezo, que cuenta con su propio ritual y que inunda las calles de la aldea con los simpecados de las hermandades filiales.

El recorrido de los estandartes, que se sitúan por orden de antigüedad en la Plaza de Doñana, avanza con un protocolo que permite alargar los misterios del rosario en función de la necesidad de que todas las hermandades filiales se sitúen en este punto central de la aldea y vayan abandonando el mismo precediendo a la Matriz de Almonte, que cierra la comitiva.

La entrada del Simpecado de la Hermandad Matriz en el santuario es santo y seña del inicio de la procesión precedida del tradicional salto a la reja, expresión máxima de los almonteños por portar a hombros a su Patrona, la Reina de las Marismas.

El fervor y el deseo por hacerse con las andas del paso de la Virgen, que espera recorrer la aldea ante sus fieles y a agradecerle de nuevo tanto amor y devoción, hace que la Blanca Paloma salga en volandas del templo entre vítores, júbilo y palmas. Una vez en la explanada comienza, en la casa hermandad de Huévar del Aljarafe, la procesión que se desarrolla durante horas y que acerca a la Virgen del Rocío a todas las filiales.

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