Pablo Alborán, cantante

"Prefiero unos espetos en Málaga a un Grammy"

"Prefiero unos espetos en Málaga a un Grammy" "Prefiero unos espetos en Málaga  a un Grammy"

"Prefiero unos espetos en Málaga a un Grammy"

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-Vuelta esperada después de dos años, ¿dónde ha estado este tiempo?

-En Málaga. He estado mucho por el sur y también en Portugal para terminar volviendo a Málaga. El sur me ha curado de todo.

-¿Qué le obligó a hacer ese alto en el camino?

-La rutina tan extrema y, sobre todo, yo mismo. No tomarme las cosas con calma, no disfrutarlas y no afrontarlas con serenidad... Vivía con mucha intensidad, tanto lo bueno como lo malo, y eso mentalmente me hizo explotar.

-Su nuevo disco se llama Prometo, ¿suele cumplir con su palabra?

-Intento hacerlo, por eso hay que tener cuidado con lo que prometes. Es un título que implica madurez, responsabilidad y un compromiso, el de hacer música, que quiero cumplir. Espero que la gente me vea feliz y hacerla feliz .

-En sus letras hay amor y desamor, ¿lo siente igual que lo canta?

-Hay cosas que he vivido y otras que no, algunas son mías, otras me las han contado o incluso las espero vivir. Pero sí que es verdad que el repertorio de este disco lo vivo. Cuando estoy encima de un escenario vocal y físicamente tengo que estar muy bien para poder dar la talla, porque es duro. Quiero estar bien y que la gente se sienta identificada con lo que canto. De todas formas, las letras son mías, creíble espero que quede.

-Pablo Alborán, el hombre sensible. ¿Un don o un estigma contra el que luchar?

-En esta gira la gente va a descubrir más de mí. Hay que arriesgar y dar más de lo que se esperan para hacerles ver que no me gustan los límites ni los amarres. Encima de un escenario quiero libertad y que todo pueda pasar. Que de repente agarre el piano, luego coja los timbales o que haya música electrónica y que a través de eso puedan descubrirme. Se puede ser sensible haciendo reggaeton. La sensibilidad es clave para que el mundo vaya mejor.

-A Sansón le cortaron la melena y usted se ha quitado su lunar...

-(Risas). Yo también lo echo de menos.

-Es muy bonito decir que uno se inspira mirando al mar pero, ¿cuál es el sitio más extraño en el que le han visitado las musas?

-Los aviones me dan mucha calma, sobre todo cuando son viajes largos. Aunque en realidad me inspiro cada vez que voy a Málaga; allí tengo mi rincón. Ese cable a tierra es clave. La casa de uno, seas de dónde seas, también ayuda a inspirarte.

-Tiene una forma física estupenda. ¿Ha renunciado al mejor de los placeres: mojar pan?

-¡Qué va, qué va! A mí me encanta comer, lo que pasa es que hago mucho deporte. Pero, vamos, que llega el fin de semana y me zampo unas pizzas y unas hamburguesas que no se lo cree nadie. Lo mejor es cuando estamos de gira por Latinoamérica, que comen unos platos... ¡No puedo privarme de eso!

-Suele ser activo en redes sociales, ¿se convierte el artista en un esclavo de ellas por el hecho de serlo?

-Qué va. Casi todo lo que subo tiene que ver con mi trabajo, no hay obligación. La magia de eso es que las redes son como una relación, estás ahí y te mantienes cerca de la gente y de esa parte de la realidad. A mí me ayuda a estar informado.

-Pertenece a una generación de artistas de edades y gustos similares y con una aparente camaradería. ¿Alguna gamberrada juntos?

-Bah, todas son incontables (risas). Lo que puedo decir es que tengo mucha suerte de, en este tiempo que he parado, haber conocido más a la gente con la que trabajo y a compañeros de profesión. Es muy bonito porque, no sólo tenemos la misma edad, también tenemos las mismas inquietudes, pasiones y miedos y antes no hablábamos de ello. Más que alguna locura, son las cenas, las charlas... Hay mucha emoción cuando nos encontramos y hablamos. Puedes descubrir a la persona, porque te dejan, y te dan consejos. Yo, que soy un crío, valoro mucho eso.

-Alguno de sus amigos ha querido estamparle la guitarra en la cabeza por jartible?

-(Risas) Soy el primero que me la estampo porque soy inagotable. Ahora he aprendido a dosificar y ponerlo todo en modo silencio. A veces el silencio es mucho más enriquecedor que cualquier otra cosa.

-¿Un Grammy o un espeto en Málaga?

-¿En serio? ¿Lo dudas? Unos espetos en Málaga, por supuesto.

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