La comedia musical de la Villa y Corte
Forma Antiqva | Crítica (Femás'26)
La ficha
FORMA ANTIQVA
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XLIII edición del Festival de Música Antigua de Sevilla (Femás'26). Forma Antiqva: Jorge Jiménez y Daniel Pinteño, violines; Ruth Verona, violonchelo; Jorge Muñoz, contrabajo; Pere Olivé, percusiones; Pablo Zapico, guitarra; Daniel Zapico, tiorba; Aarón Zapico, clave y dirección.
Programa: Farándula castiza
[Obertura]
José de Nebra (1702-1768): Obertura de Iphigenia en Tracia: Allegro [1747]
Bernardo Álvarez Acero (1766-1821): Fandango
[Primera Jornada]
José Castel (1737-1807): Sinfonía nº3: Allegro
Nicolás Conforto (1718-1793): Sinfonía de La Nitteti: Andante alla francese [1756]
Vicente Baset (1719-1764): Sinfonia a più stromenti Bas-3 [1753]
[Segunda Jornada]
Luigi Boccherini (1743-1805): Tempo di Minuetto (Op VI)
Juan Bautista Mele (c.1701-1752): Sinfonía de Angelica e Medoro: Andante [1747]
Nicolás Conforto: Fandango
Pietro Ugolini (Ss. XVII-XVIII): Sinfonía a 3
[Tercera Jornada]
José de Nebra: Obertura de Iphigenia en Tracia: Minué – Allegro [1747]
Nicolás Conforto: Sinfonía de Siroe [1752]
Vicente Baset: Apertura a più stromenti Bas-10 [1753]
[Fin]
Santiago de Murcia (1673-1739): Cumbees
José Castel: Sinfonía nº3: Minuetto
Vicente Baset: Apertura a più stromenti Bas-5 [1753]
Lugar: Real Fábrica de Artillería – Sala de la Fundición. Fecha: Sábado, 7 de marzo. Aforo: Casi lleno.
Mediado el siglo XVIII Madrid era un hervidero de músicas. Entre la Real Capilla, las iglesias, las cámaras de palacio, los cuatro teatros públicos cubiertos, los corrales de comedias que habían llegado al XVIII (al menos, los del Príncipe y de la Cruz), las plazas, donde no se había perdido la costumbre de representar autos sacramentales, y las academias y salones nobiliarios, donde camarillas de ilustrados avizoraban un tiempo nuevo y por donde penetrarían imparables los aires del Clasicismo, la ciudad sonaba casi sin descanso. De ese ambiente parte el programa presentado por Forma Antiqva: una comedia instrumental imaginaria construida con oberturas, sinfonías y danzas que nacieron para el teatro, pero que también formaban parte del sonido cotidiano de la ciudad.
En ese territorio se mueve desde hace años Forma Antiqva, uno de los conjuntos que con mayor constancia ha explorado el repertorio español del Barroco tardío y del primer Clasicismo. Buena parte de su trayectoria –la del grupo fundado por los hermanos Zapico hace ya casi 30 años– ha estado ligada precisamente a ese trabajo de recuperación y difusión de músicas que durante mucho tiempo permanecieron relegadas a los archivos. El programa reunía así páginas de algunos nombres centrales de la vida musical madrileña del momento, como Nebra, Conforto o Boccherini, junto a otros compositores que solo en tiempos recientes han empezado a asomar con mayor claridad en los atriles y en las grabaciones. Es el caso de Vicente Baset, cuya música instrumental ha comenzado a difundirse gracias, en buena medida, al propio conjunto asturiano, o de autores como Juan Bautista Mele o José Castel, este último objeto también de reciente atención discográfica por parte de Daniel Pinteño y su grupo Concerto 1700.
El concierto se estructuró como una comedia grande en tres jornadas, con prólogo y final, de esas que con textos de Calderón y música de Hidalgo eran habituales a finales del XVII. No hubo intención de reconstrucción musicológica estricta, sino una mirada libre a ese repertorio teatral que circulaba entre el escenario y la calle, un desorden consciente y estéticamente contextualizado, para lo cual el grupo adapta, arregla, recorta, pega, inventa... El trabajo de un músico en todo tiempo y lugar. Minués elegantes, allegros incisivos y fandangos de ritmo obstinado dibujaron un pequeño retrato del Madrid de entonces, en el que lo castizo convivía con las modas de los estilos italiano y francés.
La interpretación fue vigorosa, luminosa y muy directa, espléndidamente articulada y con un fraseo flexible y una variedad tímbrica que evitó cualquier sensación de rutina. El tono general del concierto fue alegre, distendido y brillante, pero con momentos de reposo bien medidos. Contrastes. De eso también va el Barroco. En los movimientos lentos la textura se adelgazaba y la música quedaba sostenida por pocos instrumentos: los dos violines dialogando solos o apoyados con naturalidad en un bajo discreto, o Jorge Jiménez respondiendo al violonchelo de Ruth Verona, en pasajes bellísimos, de una sobriedad camerística. A ello se sumó una marcada riqueza rítmica. Junto a los aires cortesanos –los minués, de paso elegante– aparecieron con toda naturalidad los ritmos más populares, especialmente los fandangos, subrayados por las inevitables castañuelas. Una recreación del Madrid ilustrado a través de una música viva, directa, hecha para circular entre el teatro, el salón y la calle.
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