El chico de la moto
Pillion | Crítica
La ficha
*** 'Pillion'. Drama romántico, Reino Unido, 2025, 106 min. Dirección y guion: Harry Lighton. Fotografía: Nick Morris. Música: Oliver Coates. Intérpretes: Alexander Skarsgård, Harry Melling, Brian Martin.
Insólito cruce entre las fantasías moteras queer de Kenneth Anger y un drama romántico salido del entorno del realismo social británico, Pillion juega en terreno minado (para el rechazo) a partir de la novela de Adam Mars-Jones, en su retrato de una relación asimétrica entre un introvertido cantante de coro y el motero fornido y apolíneo con el que vive (o sueña) una peculiar relación sexual-sentimental basada en el sado-masoquismo.
El debut de Harry Lighton hace saltar por los aires cualquier lugar común para moverse entre tonos y subvertir estereotipos tanto en lo que respecta a las prácticas sexuales más excéntricas, como para rodear a nuestro protagonista, interpretado por un estupendo y entregado Harry Melling (Harry Potter, La balada de Buster scruggs), de una familia comprensiva no sólo con su condición homosexual, sino que además lo alienta y acompaña con ternura en ese incipiente enamoramiento condenado al sufrimiento.
Su objeto de deseo (o fantasía) no es otro que Alexander Skarsgård, a la sazón productor de la cinta, en uno de esos papeles de alto riesgo que juegan precisamente contra su propia imagen previa de sempiterno seductor heterosexual. O no, porque el verdadero logro de esta Pillion consiste en situar en un contexto con reglas y códigos propios los avatares de una normalidad romántica truncada por la sumisión y la no correspondencia en forma de humillación que, a la postre, terminan siendo los peajes de tránsito hacia la definitiva aceptación.
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