Rafael Maldonado, escritor: "En la retaguardia republicana primó más el odio de clases que la ideología"

El autor malagueño publica 'Bárbara Gunz' (Editorial Confluencias), una historia contada entre dos tiempos y en la que se refleja la mentalidad de una época reciente de nuestra historia

El escritor Rafael Maldonado
El escritor Rafael Maldonado / Mariló Rubio

Una novela entre dos tiempos cuya historia nos habla de dos temas opuestos y a su vez cercanos: el amor y la guerra. Bárbara Gunz es la última propuesta del escritor y farmacéutico Rafael Maldonado (Coín, 1981), quien regresa a la localidad ficticia de Majer –pueblo andaluz que recuerda al pueblo natal- para retratar una época y, sobre todo, la mentalidad de una época. La psicología de un contexto en el que predomina aún el trauma del conflicto del 36 y sus secuelas. A través de personajes como el doctor Mario Suz, o de su paciente, Aurora Montenegro, el autor hilvana una red en la que convergen casi todos los hilos de una España reciente.

Pregunta.Su narrativa suele desarrollarse en el sur o en torno a lo sureño, digamos. ¿Por qué le interesa contar desde ese lugar?

Respuesta.Porque para mí es una fuente de inspiración, quizá porque es el lugar que mejor conozco. Es algo que aprendí de Juan Benet: cuando uno tiene una inspiración todo rueda. Por mi profesión sabía que no iba a tener una vida de viajes, entrando, saliendo; mi vida iba a ser más monótona, pero eso me ha dado la oportunidad de conocer bien un determinado lugar, y a su gente. El mundo agrario de Coín, que es ese lugar conocido, donde ejerzo mi profesión, me ha servido para construir un lugar imaginario, llamado Majer. Ahí sitúo los años de la posguerra de Bárbara Gunz.

P.Pero esta novela no sólo es sur. También es clave Madrid. Ese Madrid de la guerra, y sobre todo la atmósfera de la ciudad en guerra.

R.La guerra civil en Madrid está muy contada –el No pasarán y demás-, pero no tanto los primeros meses de la guerra. Los primeros meses de confusión, de caos, cuando en noviembre se marcha el Gobierno de la República a Valencia. Ese tiempo en el que, como dijo José Giral, presidente del Gobierno, ya mandaba el anarcosindicalismo en Madrid. Ese caos, esa confusión, me atraía mucho.

P.Muy desconocido hoy día José Giral.

R.Esta novela nace, fundamentalmente, cuando me percato de que se ha contado muy poco su vida. A Giral lo pone Azaña de presidente del Gobierno cuando ya nadie quería serlo. Giral, por cierto, era farmacéutico. Tuvo su farmacia en la calle Atocha. Ese mundo, de ese Madrid, con gente de mono azul y pañuelillo haciendo batidas y paseos, con los pocos burgueses y aristócratas que salían por la noche a los cabarets, haciendo un poco como que la guerra no iba con ellos… Todo eso me interesaba muchísimo.

P.¿Esta novela nace de casualidad en un establecimiento en Gibraltar?

R.Así es. Allí, en una tienda de antiguallas marineras, fotos antiguas, vi una foto preciosa del Times, publicada en 1936, en la que se leía: “España tiene tres primeros ministros en un día”. Uno que dimite, Casares Quiroga; otro que dura una hora y media, Martínez Barrio; y un último, Pepe Giral, nombrado por Azaña cuando ya no sabe qué hacer. Al investigar sobre Giral, descubro que este se reúne con traficantes de armas para entregarlas al pueblo. Se suele creer que fue Largo Caballero quien toma esa decisión, la de armar al pueblo para defender a la República, pero no, fue José Giral. Él cuenta en un libro de memorias que uno de estos traficantes de armas era un alemán que vino a las reuniones con una mujer muy guapa que chapurreaba el español. Ahí es cuando vi que tenía una historia para una novela. Esa mujer se llama Bárbara Gunz.

P.Su mirada, como escritor, la detiene en la intrahistoria –y no en la narración de un hecho histórico-; es decir, creo que lo que le interesa de la historia es la oportunidad que le ofrece de indagar en la condición humana.

R.Exacto. Es tal que así. La guerra civil está ahí, pero a mí lo que me interesa es hablar del corazón humano. Por qué odiamos, por qué queremos, por qué amamos.

P.¿Esa visión la aprendió de Henry James?

R.Puede ser. Aunque quizá haya leído más a otros. En cualquier caso, uno nunca sabe quién le influye más.

Se ha tratado poco esa burguesía liberal, progresista, acomodada, que apoya a la República"

P.En esa atmósfera de la novela destaca un protagonista: el doctor Mario Suz. Arquetipo del republicano liberal, de izquierdas, que vive con horror, y estupefacción, lo que está sucediendo en España.

R.Se ha tratado poco esa burguesía liberal, progresista, acomodada, que apoya a la República. E incluso a partidos de izquierdas de la República. La guerra fue más un problema de lucha de clases que de lucha política. En el propio PSOE, que era un partido minoritario en los años treinta, había una especie de lucha de clases entre ellos. Pensemos en el conflicto entre Largo Caballero, con la facción de los obreristas, y Juan Negrín, que era un médico canario de familia acomodada. Mario Suz procede de este último perfil: médico de una familia acomodada que apoya a la República, y a un partido de izquierdas de la República. Debido a su clase social se encuentra detenido y desamparado en una checa, y no comprende cómo puede estar ahí, a manos de anarcosindicalistas que han apoyado el mismo régimen que Suz apoya.

P.Sí: en la izquierda republicana, ya en esos años de la guerra, se dio una ruptura significativa.

R.En la retaguardia republicana primó más el odio de clases que la ideología. Dentro de la guerra civil hubo una segunda guerra, en el bando republicano, entre los que quisieron hacer una revolución y los que quisieron defender a la República. Se habla poco de esa clase media acomodada que apoyó a la República, insisto. Mario Suz es el exponente de esa clase.

P.En sus novelas es habitual la aparición de personajes vinculados a lo sanitario. Además de su condición de farmacéutico, ¿qué le inspira de estos oficios a la hora de construir sus historias?

R.Me inspira por aquella frase de Flaubert, cuyo padre y hermano fueron cirujanos, que decía que estos deberían haber sido los escritores de la familia, pues ellos eran quienes venían a las personas por dentro. Me pareció una imagen bellísima para decir que esas personas que conocen de cerca el dolor y la enfermedad son las personas que conocen mejor el alma humana.

P.¿Usted escribe siempre a mano? Lo he escuchado por ahí.

R.Siempre, siempre. No puedo escribir primero en el ordenador. No calculo bien. No me hallo. Además, me encanta todo ese mundo de las libretas, mancharme de tinta.

P.Y me dicen que suele adquirir o hacerse con objetos que luego aparecen en sus novelas.

R.Bueno, esa costumbre es posterior. Vino a raíz de escribir esta última novela, la cual empecé en 2020, después de preparar un libro que tengo pendiente, sobre Lobo Antunes, que algún día sacaré. El caso es que, como llevó tanto tiempo escribir ‘Bárbara Gunz’ –cuatro años-, empecé a comprar la pitillera del doctor, la pipa de un protagonista. Esas cosas.

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