Sevilla

"La navaja sevillana era la más noble y refinada, también la más peligrosa"

SU mundo cabe en estos once metros cuadrados junto a la piedra de la antigua mezquita. Rafael Sánchez Ortiz (Sevilla, 1970) descubrió su pasión, cuchillos y navajas, en La Rinconada, y la perfeccionó en Nueva York y París.

-¿Cuchillero o navajero?

-Soy más navajero. Mi afición va más por la navaja que por el cuchillo. Sevilla tuvo fama por nuestras navajas. La más refinada, la más noble, también la más peligrosa. Era única para la defensa o la ofensa a terceros. En Chile a la sevillana la llaman madeinusa.

-¿Cómo surgió su vocación?

-Mi padre era de campo. Un vaquero que le vendía leche a los vecinos. Yo soy de la generación que veía las películas de Tarzán y se hacía lanzas de madera, arcos y flechas con la navaja de mi padre. Los que íbamos al Bazar Vilches, en la calle Sierpes. Mi primer cuchillo lo obtuve en la feria de mi pueblo tirando con la escopetilla. Eso hoy sería impensable. Para mi generación era una herramienta, un instrumento cultural que existe desde que el hombre es hombre. Me da pena ver chavales que pasan por mi tienda y la asocian con riñas y peleas, la ven como instrumento de muerte.

-¿La crisis da puñaladas?

-A mí me ha impedido ir al festival del cuchillo de Nontron, donde aprendí mucho de lo que sé. En Francia es una fiesta, se combina con festivales de jazz, con muestras gastronómicas. A mí lo que me permite llegar a final de mes es el coleccionista, el aficionado que si su economía se lo permite en vez de comprarse un reloj, una camisa o una corbata se compra una navaja o un cuchillo. El cliente que compra por necesidad, con la crisis desaparece o compra productos de baja calidad.

-¿Empezó con los cuchillos?

-Estudié Informática en una escuela donde sólo había un ordenador con disco duro. Como no había informáticos, me puse a trabajar en segundo de carrera e hice de todo en una empresa de carretillas elevadoras. Fue mi perdición. No conocí el paro hasta que me fui a Nueva York.

-¿Quién le llevó?

-Mi mujer, francesa de cerca de Cognac, fue trasladada a Nueva York, y yo la seguí igual que después ella me tuvo que seguir a mí con los cuchillos. Estuve seis meses buscando trabajo en Nueva York hasta que lo encontré en el departamento de visados del Consulado español.

-Un buen observatorio...

-Eran cientos de solicitudes diarias. Evaluábamos las demandas de visado por turismo, por trabajo, por estudio. Por mi dominio del francés, yo tramitaba los expedientes de inmigrantes africanos de ex colonias francófonas residentes en la Costa Este de los Estados Unidos. Muchos senegaleses. La gente cree que toda la inmigración ilegal llega a España en pateras. Es una gota de agua. La mayoría vuelven a su país con el visado de turista.

-¿Le cogió la caída de las Torres Gemelas?

-Nos volvimos justo un año antes. Cuando ocurrió yo estaba trabajando en un hipermercado de París. A mi mujer la habían trasladado de nuevo y nos fuimos a vivir a Issy les Molineaux, cerca de París. Fue un impacto tremendo. Cerca de las torres estaba la antigua lonja de pescado, que habían rehabilitado como centro comercial. Era la zona más europea de Nueva York y con Nahalie, mi mujer, íbamos mucho de paseo por allí.

-Junto a su local hay referencias a Cervantes y Cernuda. ¿A quién le queda mejor la navaja?

-Sin duda, a Cervantes, que en Rinconete y Cortadillo habla del equivalente a los carteristas que para robar no utilizaban la navaja, sino las tijeras. Pero la principal referencia literaria a la navaja, porque la espada está bien servida, la encontramos en Lorca. En el mundo gitano una mala palabra, un mal gesto, se lavaba con sangre. Pero el clásico es un libro que publicó un noble con seudónimo y que corría de mano en mano, el Manual del baratero. El baratero era una persona de mal vivir que controlaba el hampa, la prostitución y el juego porque era el más rápido y el más peligroso con la navaja. El libro era un manual para la defensa del vulgo.

-¿Tienen más predicamento filatélicos y numismáticos?

-El sello y la moneda están mejor vistos. A nosotros nos consideran unos frikis. Siempre se asocia a Hemingway con los sanfermines, muy pocos saben que era muy aficionado a la navaja, que hay un modelo francés que lleva su nombre con unas modificaciones que el escritor pidió para irse de safari a África. O que Angelina Jolie tiene una de las más importantes colecciones de navajas y cuchillos del mundo, influida por su padre, el actor John Voight.

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