El tabaco tiene un enemigo en casa

  • Los 'sobrestocks' en Gibraltar o Andorra enviados por los propios fabricantes son, junto a la picadura sin control, los retos de la batalla contra el contrabando

Uno de cada tres cigarrillos que se fuman en Andalucía ha tenido un recorrido fuera del circuito legal. En la provincia de Cádiz, epicentro del contrabando de tabaco por su frontera con Gibraltar, el gran supermercado del tabaco ilegal, el porcentaje se eleva al 52%. Son datos mejores que los de hace unos años, pero en la mesa técnica que anualmente organiza Altadis y que se celebró el pasado martes en la hemeroteca de Diario de Cádiz, la gran tabaquera española considera que todavía nos movemos en unos parámetros preocupantes que afectan a la hacienda, a la salud -aunque hablar de tabaco y salud siempre es espinoso y los responsables de estas áreas no se suelen mojar- y al alimento de tramas de crimen organizado.

En esta jornada, en la que estuvieron presentes todos los que tienen algo que decir en la lucha contra el contrabando, que a las arcas del Estado le suponen una pérdida cercana a los 2.000 millones de euros -hay que tener en cuenta que el 80% del precio de una cajetilla son impuestos-, Rocío Ingelmo, directora de asuntos corporativos y legales de Altadis, expuso una situación paradójica: "Son los propios fabricantes los que sobreabastecen lugares en los que se sabe que no existe una venta de esa magnitud. Hablamos de Canarias, Andorra y, sobre todo, Gibraltar. Ese tabaco es el que luego entra en España sin pagar los impuestos. Es dinero que pierde la Hacienda española. Es necesario un compromiso de los fabricantes para abandonar esta práctica, un compromiso que en teoría existe, pero que sobre el papel se ve que no es así".

En menor medida preocupa, aunque sigue preocupando, el tabaco falso, que ha decrecido en los últimos años porque le ha salido una enorme competencia en otro tráfico ilegal que crece de manera exponencial, el de hoja de tabaco y picadura, que se vende sin ningún control en internet y que arroja beneficios muy superiores a los de la cajetilla ilegal de tabaco. Si a una cajetilla se le saca un beneficio de dos euros, a una bolsa de picadura se le saca el triple porque el coste es muy pequeño. Es curioso que este tabaco se publicite precisamente como tabaco más sano porque no tiene los aditivos de las tabaqueras. Salvador Vera, vicepresidente de los estanqueros de la provincia de Cádiz, se sorprende con esta visión: "Lo que se vende son desechos de los productores, carece de cualquier trazabilidad. Es decir, lo que se vende es tabaco de mala calidad". Además, Ingelmo apunta que "nosotros solemos desechar un 1% de nuestros productos, pero lo que hay en el mercado es mucho más, lo que querría decir que es tabaco que se produce de manera paralela sin ninguna garantía".

Lo cierto es que los números cantan: durante los tres últimos años, entre 2013 y 2015, las ventas de picadura se han reducido en España unas 800 toneladas, pasando concretamente de 6,9 a 6,1 toneladas (-12,0%). La región española donde mayor ha sido esa caída en volumen es Andalucía, con una bajada del 16,4%, equivalente a 183 toneladas (de 1.116 a 933 toneladas).

Ingelmo propone que se adopten medidas como las llevadas a cabo en Polonia o en Portugal, donde se ha ejercido un mayor control sobre las plantaciones. Pese a ello, la batalla contra este comercio es complicado. Al realizarse en buena medida a través de internet, en algunas investigaciones la Guardia Civil se ha encontrado con que el vendedor tenía el servidor en Francia y el dominio en Bangladesh. Se cierra una tienda -una web- y rápidamente se abre otra.

La Guardia Civil y la Agencia Tributaria, pese a reconocer ambos que no cuentan con todos los medios que desearían para este combate, han conseguido últimamente notables éxitos contra el contrabando. Alfonso Rodríguez Castillo, coronel jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz, sin embargo, prefiere no incidir tanto en las estadísticas, "que pueden dispararse por una operación concreta", y subrayar más el despliegue que se desarrolla. "Hemos realizado 300 controles en las dos carreteras por las que se distribuye el tabaco de contrabando, la autovía Jerez-Los Barrios (A-381) y la N-340, la carretera costera de la provincia de Cádiz. Son controles que están dando muy buenos resultados".

Ignacio Martínez, delegado de la Agencia Tributaria en Cádiz, lo corrobora e incluso se muestra en este aspecto "moderadamente optimista". Considera que una de las batallas que hay que librar es la de la concienciación social, que no acaba de ver este contrabando como un delito peligroso. "La imagen del contrabandista romántico acabó hace mucho tiempo. Detrás del contrabando hay organizaciones criminales que no sólo mojan en el tabaco, sino que utilizan los mismos cauces para el tráfico de drogas o la trata de mujeres. Por ejemplo, existe una enorme presencia en este mercado de las mafias del Este".

Ramón María Clemente, teniente coronel de la Guardia Civil que trabaja directamente en el Campo de Gibraltar contra el contrabando, apunta además las dificultades para realizar operaciones: "Hemos encontrado en casas de particulares más cajas de tabaco que en un estanco; sin embargo no es tan sencillo que un juez te dé una autorización para entrar en una casa donde se sospeche que hay tabaco. Un domicilio es inviolable y el contrabando de tabaco no acaba de verse como un delito grave".

Por todos estos motivos, Ignacio Millán, director de la asesoría jurídica de Altadis, no acaba de comprender que haya una pata de la Administración que se desentienda por completo del problema. Se trata de Sanidad y Consumo. "Nos vienen a decir que lo que tiene que hacer la gente es no fumar ni del legal ni del ilegal. Y tú te dices que cómo es posible esa pasividad ante un fenómeno que hace que un tercio de los fumadores de Andalucía estén consumiendo un producto que carece de control alguno. ¿Qué pasaría si en vez de tabaco estuviéramos hablando de un tercio de la carne que consumen los andaluces?".

Naturalmente, los grandes perjudicados de este negocio son los estanqueros, que han visto cómo sus negocios obtenían menos beneficios ante la reducción de la población fumadora, a lo que se añade este tráfico ilícito que prolifera, además, en bazares y pequeños establecimientos de alimentación regentados por orientales. Según José Bermúdez, histórico presidente de los estanqueros de la provincia, "hemos pasado en muy poco tiempo en la provincia de 350 estancos a 290" y es de la opinión de concienciar a los magistrados "para que permitan actuar a los cuerpos de seguridad y a las policías locales, que no en todas las poblaciones actúan con la misma contundencia". Cita Jerez como el epicentro de este mercado, donde existen sagas que durante décadas se llevan dedicando a este negocio. Pese a ser muy conocidos y haber sido detenidos en varias ocasiones, las penas son pequeñas y se siguen dedicando a ello con cierta impunidad.

La Guardia Civil lo sabe y, de hecho, uno de cada tres controles se realizan en el término municipal de Jerez. Por eso el teniente coronel pide a los estanqueros que, en la medida de lo posible, cuando denuncien, lo hagan con la mayor precisión posible. "Si lo que recibimos es una información difusa o un rumor, no podemos actuar con eficacia".

Los consumidores también se han implicado en este problema. Juan Moreno, presidente de la Unión de Consumidores de Andalucía, aboga por la concienciación y recuerda que el problema no es menor porque "la venta de tabaco sin control facilita el acceso de los menores a este hábito" y propone "un gran pacto social en el que son los fabricantes los primeros que tienen que adoptar un compromiso y cumplirlo".

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