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El sueño, comienza y acaba en Río

  • Ana Pérez regresó ayer de Brasil tras conseguir el billete olímpico con un recibimiento por todo lo alto

"¿Quién es ella?", preguntaban los viajeros que bajaban del tren de las 17:20 proveniente de Madrid. "Es una futura olímpica", respondía con orgullo algún familiar o amigo que había estado esperando con impaciencia en el andén. Hasta hace poco, Ana Pérez había sido una chica desconocida. Una anónima del deporte. Sin embargo, consiguió algo con lo que todos sueñan: un billete para unos Juegos Olímpicos.

Un grupo numeroso de familiares y amigos la esperaban en la estación de Santa Justa con silbatos en los labios y banderas de España. Buscaban hacer el mayor ruido posible, que todo el mundo supiese que la gimnasta sevillana había vuelto a casa, pero por encima de todo, que fuese recibida con el mayor calor posible por parte de los suyos.

Algo avergonzada por tanta atención y los flashes de algunas cámaras, Ana posaba como podía, rodeada de personas que buscaban abrazarla o darle la enhorabuena, cansada pero feliz por este recibimiento que le pilló por sorpresa. "Me ha dado un poco de corte", reconoció nerviosa.

Y es que la joven de 18 años aún no puede creerse todo lo que ha ocurrido en tan poco tiempo. "Estoy como flotando por todo esto, ha sido increíble, lo que siempre había soñado", explicó, como si aún estuviese medio adormilada tras volver a la realidad tras un intenso sueño, y añadió: "Me ha costado mucho conseguirlo y estoy muy contenta porque he trabajado y al final me ha salido todo bien".

La recompensa de dedicar siete horas al día a la gimnasia llegó el pasado domingo, cuando la sevillana consiguió una plaza olímpica en gimnasia artística, gracias a su clasificación en el preolímpico de Río de Janeiro, la única disponible para España en esta modalidad, tras conseguir la decimoctava posición con 54,199 puntos por los 53,732 de su compatriota y también aspirante, Claudia Colom, vigésima octava. Pérez sacó todo su talento a relucir en el ejercicio de suelo, consiguiendo la decimosexta mejor nota, y en barras asimétricas; además del trigésimo séptimo lugar en salto y el puesto 59º en la barra de equilibrio.

Para sus primeros Juegos no se plantea nada concreto, sólo disfrutar lo máximo posible de esta oportunidad. "Reconozco que no estará mal meterse en la final de las 24 mejores, pero si no lo consigo tampoco pasa nada", admitió, libre de preocupaciones más allá de hacerlo lo mejor posible. "Haré lo que tenga que hacer y si no estoy en la final es porque no soy de las mejores", resumió.

Con tres meses por delante todavía, Ana seguirá su rutina de entrenamientos para pulir los ejercicios que deberá mostrar en Río. "Hay que seguir trabajando mucho, limpiar los ejercicios y subir la nota si se puede", reflexionó la joven gimnasta sobre una preparación que debe seguir compaginando con sus estudios, a los que nunca deja de lado. "Me cuesta llevar las dos cosas, pero también hay que sacar los estudios. Voy tres horas por la mañana y tres por la tarde al colegio, además de entrenar", señaló.

Ella sigue siendo la de siempre. La misma chica que hace unos años decidió apuntarse a gimnasia como otras tantas porque envidiaba cómo disfrutaba su hermano, también gimnasta, y las historias que le contaba cuando volvía de entrenar. Algo divertido, pero también muy sufrido para ella, que llegó a fracturarse los brazos varias veces. Ahora todo ha merecido la pena: tiene su billete para Río y la posibilidad de vivir un puñado de anécdotas que podrá contar a su hermano cuando vuelva.

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