El euro no tiene quien lo quiera

  • La divisa cumple en enero nueve años, en los que ni su debilidad inicial frente al dólar ni su fortaleza actual le han servido para ganarse el apego de los ciudadanos · A ella se achacan la inflación y la desaceleración

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El euro se ha convertido en una especie de chivo expiatorio para los europeos, que no terminan de encontrar el apego a esta divisa. Si en 2000, cuando se encontraba en su nivel más bajo frente al dólar, pocos apostaban por el futuro de la joven moneda comunitaria, siete años más tarde muchos ciudadanos se siguen lamentando, aunque ahora por el espectacular ascenso de su cotización al cambio con el billete verde. El próximo 1 de enero, el euro celebrará su noveno aniversario, en un clima de paradójica preocupación, ya que se ha apreciado más de un 9 por ciento frente al dólar desde principios de año -acercándose a 1,50 unidades-, y casi un 44 desde su lanzamiento, en 1999.

Este alza, que limita la factura energética de Europa -se paga en dólares-, perjudica, en cambio, a algunos exportadores y pesa negativamente sobre el crecimiento de la Eurozona (está pasando factura a las exportaciones). En ese marco, la industria aeronáutica del Viejo Continente, entre cuyos referentes se encuentran el consorcio EADS o Dassault Aviation, amenaza con trasladar parte de su producción a otras regiones del mundo, debido a que los costes que asumen son en euros y a que sus ventes son en el billete verde, divisa predominante en el sector. "No podemos soportar semejante tipo cambiario, produciendo y comprando en Zona Euro. El procedimiento natural será la deslocalización en zonas dólar o de bajo coste, como ha ocurrido con la industria del motor", advierte el presidente de Dassault Aviation, Charles Edelstenne. En la misma línea se ha manifestado el presidente ejecutivo de EADS, Louis Gallois, quien ha instado a las autoridades comunitarias a "despertarse" y no "renunciar" ante la caída del dólar.

"Para los ciudadanos y ciertas personalidades políticas, el euro es responsable de todo. En su lanzamiento, era responsable de la inflación. Hoy en día, es responsable de la desaceleración de la economía", subraya Patrick Artusun, economista del banco Natixis -el vicepresidente segundo del Gobierno español, Pedro Solbes, también achacó hace unos días al euro el alza de la inflación en nuestro país-. Sin embargo, en su opinión, "el responsable no es el euro, sino el dólar", que paga el precio de la fragilidad de una economía norteamericana que ha vivido a crédito durante mucho tiempo.

El gran problema está en que los gobiernos de la Eurozona no tienen medios suficientes para actuar ante las oscilaciones de su moneda. Hace un mes lanzaron una ofensiva para que China permitiése una apreciación más rápida del yuan, pero Pekín no da el brazo a torcer. Con el dólar, la dificultad es aún mayor, porque EEUU se ha acomodado a la debilidad de su divisa, que sirve de sustento a las exportaciones, en un momento en el que el crecimiento del país se ralentiza.

La falta de cohesión de los europeos tampoco ayuda. Mientras Francia, preocupada por un déficit comercial récord, se queja desde hace meses de la fortaleza del euro, Alemania, Holanda y Austria se niegan a dramatizar, aunque el ministro germano de Finanzas, Peer Steinbrück, ya ha reconocido los efectos negativos de la apreciación del euro. Las diferencias entre los europeos se han acentuado con las constantes críticas de Francia al BCE, al que acusa de mantener los tipos demasiado altos por su temor a la inflación.

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