artes escénicas

Los Max reconocen a Távora como "figura clave" de la historia del teatro

  • El comité organizador de los premios concede por unanimidad su galardón honorífico al director y dramaturgo. El fallo destaca su "amplia y transgresora trayectoria y su compromiso"

Salvador Távora (Sevilla, 1934). Salvador Távora (Sevilla, 1934).

Salvador Távora (Sevilla, 1934). / José Ángel García

Los Premios Max concederán el próximo 5 de junio, en el Palau de les Arts de Valencia, su galardón honorífico al sevillano Salvador Távora, al que reconocen, anunciaron ayer desde la SGAE, promotora de estas distinciones, por "ser una figura clave en la historia de las artes escénicas". El comité organizador de estos premios, que eligió por unanimidad a Távora, resaltó la "amplia y transgresora trayectoria", el "compromiso social" y la "implicación con el hecho teatral" del responsable de la agrupación La Cuadra de Sevilla. En un comunicado enviado por la SGAE, el director acoge la noticia como "un estímulo enorme, sobre todo porque viene de profesionales que saben lo que hacen", comentó.

Lejos parece quedar aquella etapa difícil en la que las deudas amenazaron la continuidad del teatro que abrió con su nombre en el barrio del Cerro del Águila, y la sociedad se movilizó para que la celebrada trayectoria del creador no tuviera un broche tan amargo. El respaldo que supone el Max se suma a un palmarés en el que el dramaturgo y director ya cuenta, entre otros logros, con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes o el título de Hijo Predilecto de su ciudad. A principios de este año, el autor de espectáculos como Nanas de espinas y Las bacantes era nombrado junto a la bailaora Cristina Hoyos miembro de honor de la Academia de las Artes Escénicas de España. En ese acto, celebrado en el Ayuntamiento de Sevilla, se definió como un "hijo de la Andalucía lorquiana" y recordó cómo las imágenes que habían acompañado su juventud, "los toros abiertos en canal del matadero" y el "atronador ruido de las máquinas de los talleres" le ayudaron a forjar su singular y aplaudido universo estético, esa dramaturgia única en la que su afición por los toros -Távora llegó a enfrentarse a algunas vaquillas, pero la muerte de su amigo el rejoneador Salvador Guardiola lo alejó de los cosos- dialoga con la maquinaria de la fábrica en la que trabajaba cuando era un muchacho. "Llegó un momento en el que las soldaduras eléctricas que me servían para vivir, para subsistir, se convirtieron en las luces del espectáculo. Y no había luz más bella que ésa", contaba hace algún tiempo Távora en una entrevista con este periódico. "Los conocimientos que tú adquieres en tu vida se pueden trasladar al campo del arte. Yo en mis obras he mezclado las máquinas, las marchas procesionales, las bandas de cornetas y tambores... Mirándolo por separado parecían piezas de mundos distintos pero no lo eran".

De las plazas de toros pasará Távora en su juventud a ser cantaor en tablaos y espectáculos convencionales. Pero su participación en el Teatro Estudio Lebrijano, al que llega de la mano de José Monleón, le descubre un modo de expresarse que desprende una honda autenticidad. Con Oratorio, además, asistirá al Festival de Nancy, donde se empapa de los nuevos lenguajes escénicos y empieza a concebir una propuesta propia que revolucionará el teatro de su tiempo.

La Cuadra de Sevilla estrenará en 1972 Quejío, un Estudio dramático sobre cante y baile en Andalucía que "se rebelaba contra una región que era una postal y ofrecía un arte contemplativo. Nuestra imagen se había desvirtuado y queríamos recobrar la austeridad, la lucha", rememoraba Távora el pasado febrero, cuando la sala que lleva su nombre recuperaba este montaje emblemático que cumplía 45 años. Con la exitosa presentación de Quejío en La Sorbona de París, en los 70, la compañía iniciaba una impresionante carrera internacional en la que visitará 34 países y asistirá a casi 200 festivales.

La obra también sentaba las bases de ese teatro preocupado por la opresión del pueblo. "Para que una obra merezca la pena, creo, debe tener una función social. La contemplación en sí no es suficiente, la creación ha de tener un compromiso. O lo que ha tenido siempre nuestro trabajo, una identidad cultural", opina Távora, que entre otros hitos tiene haber adaptado a García Márquez en Crónica de una muerte anunciada y haber revivido en Carmen, ópera andaluza de cornetas y tambores a la cigarrera que cautivó a Mérimée y a Bizet.

Con el Max de Honor, Távora toma el testigo de otras creadoras galardonadas con la misma distinción, como la dramaturga Ana Diosdado, la bailarina María de Ávila o las actrices Rosa María Sardá y Lola Herrera.

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