En tránsito

eduardo / jordá

'Pop(p)lítica'

EN un quiosco veo una foto de Yanis Varufakis en la portada de la revista Icon. Varufakis fue ministro de Economía de Grecia, el año pasado, pero la revista Icon no es una sesuda revista de economía, sino una revista de moda masculina que trae anuncios de coches, entrevistas ligeras, cotilleos. Si hago memoria, no recuerdo a ningún ministro de Economía en una portada de revista. Incluso me cuesta recordar nombres de ministros de Economía españoles. Se me ocurre el nombre de Miguel Boyer, pero quizá lo recuerde más por su matrimonio con Isabel Preysler. También me acuerdo de Carlos Solchaga, pero quizá sea porque una vez me lo crucé en un aeropuerto. Aparte de ellos dos, me costaría recordar otros nombres. Por lo general, esos ministros son gente aburrida y con cara de padecer ardor permanente de estómago.

Pero Varufakis es otra cosa muy distinta. Es un hombre atractivo que viste cazadoras de cuero y tiene una Yamaha 1300 cc. En Twitter tiene 174.000 seguidores. Varoufakis habla y escribe un inglés impecable. Es ingenioso, culto, sofisticado, mordaz. Estoy seguro de que me lo pasaría muy bien si fuera a cenar con él. Podríamos hablar de rock, de las islas griegas, de cotilleos sobre reuniones con la troika en Bruselas. Lo que no sé es si podría fiarme de Varoufakis como ministro de Economía de mi propio país. Al fin y al cabo, cuando dejó su cargo de ministro, en Grecia había un corralito bancario.

En otros tiempos, este simple hecho habría bastado para desacreditar por completo a Varufakis. Ninguna revista seria querría sacarlo en la portada. Pero ahora se ha convertido en una celebrity mundial que cobra una pasta por sus conferencias. Y mucha gente, estoy seguro, estaría dispuesta a votarlo aun sabiendo lo que ha pasado en su país. ¿Por qué? Pues porque es un tipo guapo, divertido, que lleva una Yamaha 1300 cc y sale en las revistas de moda. Nos guste o no, hemos entrado en la época de la po(p)lítica. Y ya hemos olvidado que la política es un asunto aburrido que se parece mucho más a lo que hacían aquellos contables malhumorados que repasaban sumas y restas con sus manguitos negros. Ahora mucha gente se empeña en considerarla una especie de reality como Supervivientes o Gran Hermano. Y ahí, claro, Yanis Varufakis -y todos lo que actúan y piensan como él- son los reyes del mambo. Mal asunto.

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