El poliedro

José Ignacio Rufino / Economia&empleo@grupojoly.com

El poliedro: Precios europeos,salarios españoles

La OCU revela que nuestros precios han crecido mucho más que nuestros salarios, pero su informe es matizable.

HACE unos diez años que el euro comenzó a ser la moneda nacional y, al mismo tiempo, la moneda de otras naciones europeas. Alemania, Francia y los demás emprendían un camino con ventajas, comerciales, monetarias y financieras clave para el sistema... y abundantes melones por calar para los ciudadanos de a pie. Una moneda, un destino. Eso creímos, y en esa fe encomendamos nuestro espíritu. Ahora, salir del euro es lanzarse al vacío sin paracaídas. Permanecer en él, lanzarse con un paracaídas agujereado. ¿Quién puso más? ¿El euro que nos hizo miembros de un club de primera, o los españoles convertidos en consumidores natos a base de crédito barato, que han visto cómo sus salarios crecen mucho menos que la mayor parte de los precios que pagan?

Recientemente hemos conocido un oportuno y aun así opinable informe de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), que ha ocasionado titulares de prensa y multitud de indignaciones. Todos los medios han publicado titulares como éste: "El euro ha encarecido los alimentos en un 48% y los salarios sólo en un 18%". Hablamos de alimentos, pero podemos hablar igualmente de una cesta típica de consumo, cuya expresión más consensuada es el llamado IPC. El pan, por ejemplo, ha subido en estos diez años largos de euro un 81%: al doble se ha puesto la barra de pan (la baguette, si prefieren), dicho mal y pronto. Sin embargo, los españoles han salido de su país de paseo más que nunca en este periodo, y han gastado como el primero en sus destinos turísticos. Cruceros en el otro lado del mundo, con su pulsera mágica, han estado al alcance de cualquiera. Es cierto que buena parte de la magia estaba en la facilidad para endeudarse que trajo un euro hasta hoy hermano de unos tipos de interés por los suelos, un precio importantísimo para las economías domésticas que no figura en ningún índice habitual. Pero más cierto es que ciertos consumos que no figuran en el IPC se abarataron enormemente, de forma que se hicieron accesibles al gran púbico actividades que eran privilegios pocos años antes.

"Tomarse una cerveza, ir al cine o comprar una casa, todo resulta más caro con una moneda que nos metió de lleno en Europa a cambio de rascarnos el bolsillo", señala la OCU ¿Han visto ustedes decaer su capacidad de consumo en la década del euro? Los precios de la cesta de la compra oficial, sí, no hay duda. ¿Es nuestra compra menos variada y abultada que la de entonces? No. ¿Dónde está la magia otra vez? Por ejemplo, en el hecho de que el 18% de aumento de los sueldos incluye a los sueldos de una mano de obra importada barata que ha llegado a España desde afuera al calor de una desaforada actividad de construcción de viviendas, a su vez alimentada con una facilidad crediticia igualmente desaforada. Por ejemplo también, en que la economía sumergida no figura en las estadísticas salariales, y en apnea laboral, sin ser los únicos, somos los mejores. Somos más pobres, sí, pero sobre todo por la deuda familiar que, con un desempleo creciente, es la gran losa nacional. Quienes hicieron demasiado dinero en este proceso son muchos menos en número que quienes se han visto atrapados por la deuda y el deterioro de su patrimonio (su casa). Es verdad: los precios son europeos ahora, y se resistirán a bajar. Los salarios son tristemente españoles, a pesar de lo cual en su conjunto bajarán, y para eso, el que haya menos gente empleada cuenta mucho. Los salarios bajos son una muestra del nivel de desempleo y de baja competitividad empresarial. Las estadísticas sobre el salario mínimo interprofesional -publicadas tras la sorprendente congelación del mismo- dicen que nuestro salario mínimo es ridículo comparado con otros países que tienen niveles de precios similares en comida, vivienda, créditos, viajes o combustible. Los salarios tienden a bajar, pero los precios europeos vinieron para quedarse. Somos como una familia que pasa demasiadas fatiguitas para pagar el club social al que pertenece.

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