La Catedral a través de sus relieves y texturas

  • La Hispalense participa en un proyecto para la fabricación digital de maquetas para que los invidentes conozcan el patrimonio de la ciudad

Con el cartón de una caja de pizza y el plástico transparente de la caja de la muñeca nueva de su nieta, Javier Jiménez Martín, un profesor jubilado de Historia del Arte, construyó este otoño la maqueta de una de las vidrieras de la Catedral de Sevilla. Con pequeños palillos de dientes representó a los 16 santos de la Puerta de la Anunciación y con una bola de juguete construyó una bóveda vaída. Hoy, en el Laboratorio de Fabricación Digital de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla (FabLab Sevilla), reproducen estas maquetas con mayor calidad de detalles dentro de un proyecto que llaman "hackeando el patrimonio" y con el que se pretende acercar la cultura y la tecnología a la todos los ciudadanos.

La iniciativa surgió el pasado mes de junio cuando, a través de un conocido, la Asociación de Usuarios de Perros Guía de Andalucía se puso en contacto con este profesor jubilado para que ejerciera de guía durante una visita de personas invidentes a la Catedral. "Fui a la sede de la ONCE para preguntar si existían maquetas de los monumentos de Sevilla para que los ciegos pudieran tocarlas pero nada, no existía nada".

Durante cuatro meses y con la ayuda de sus libros de Historia del Arte y la de un sobrino arquitecto, hijo de Alfonso Jiménez, antiguo maestro mayor de la Catedral, el profesor elaboró manualmente y con materiales domésticos varias maquetas de las vidrieras; la Puerta del Perdón, con su arco almohade y el alto relieve; la planta de una nave de cruz latina con bóveda de crucería, similar a la del templo hispalense; la Puerta de la Anunciación; bóvedas de arista, la Giralda; y un contrafuerte, entre otras partes del templo. "Llegué a obsesionarme", reconoce este profesor de instituto, profesión que ha ejercido durante 45 años. "Yo quería que los ciegos pudieran tocar los pilares, los relieves, las aristas, y así saber cómo son sin poder verlas".

La visita guiada, según asegura Javier Jiménez, fue un éxito. Esto le llevó a contactar con el responsable de FabLab Sevilla, Juan Carlos Pérez, y juntos idearon cómo mejorar este proyecto de patrimonio. Así, a través de diseños digitales y técnicas como la fotogrametría (que permite determinar las propiedades geométricas de los objetos y las situaciones espaciales a partir de imágenes fotográficas), Paulina Díaz, recién graduada en Arquitectura por la Universidad de Sevilla, ha conseguido diseñar en 3D y, después, fabricar, de momento, una vidriera con su balaustrada y un contrafuerte de la Catedral con un alto nivel de detalles y fidelidad.

En FabLab, tal como reconoce su responsable, "cualquiera puede construir casi cualquier cosa sin conocimientos técnicos previos, sólo se requiere interés y curiosidad". La idea de este laboratorio o taller es romper las barreras tecnológicas y "acercar las máquinas a las personas", máquinas como impresoras 3D, fresadoras o cortadoras láser.

El movimiento FabLab nació en Boston en 2001 de la mano del profesor Neil Gershenfeld. Se trata de una red global de laboratorios locales que favorecen la creatividad proporcionando a los ciudadanos herramientas de fabricación digital. Cualquier persona puede usar el FabLab para fabricar "casi cualquier cosa", desde maquetas, hasta sensores, estanterías que se convierte en asientos, sillas, drones, estructuras de madera o pabellones expositivos, entre otros ejemplos. FabLab Sevilla ha participado en la construcción de cuatro maquetas que reflejan distintos periodos históricos del Teatro Romano de Cádiz y que hoy se exponen en el museo de este monumento.

FabLab Sevilla nació en 2011, tras el de Barcelona y León. En total, en el mundo hay 602 laboratorios de este tipo y el de la Universidad ocupa el número 63, según explica Juan Carlos Pérez, técnico del laboratorio sevillano. Se trata de una red internacional promovida por el Center for Bits and Atoms (CBA) del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Su propulsor, Neil Gershenfeld, lo denomina la "tercera revolución digital". Se trata de laboratorios para la investigación y la innovación, tanto del desarrollo de las nuevas tecnologías emergentes, como de la exploración hands-on (hecho por uno mismo) de sus aplicaciones.

"Al igual que ocurrió con los pioneros de la informática, los software y las herramientas para la web, los fabbers nos adelantamos al futuro y buscamos cuáles van a ser las aplicaciones del hardware y el software de fabricación digital al que próximamente accederán los ciudadanos", explica Juan Carlos Pérez, responsable del laboratorio que dirigen los profesores José Pérez de Lama y Enrique Vázquez. "En unos años, todos tendremos una impresora 3D en nuestra casa y podremos imprimir lo que queramos", incluso "hackear el patrimonio y tener la réplica exacta del león del patio del Archivo de Indias en casa".

Tras la fabricación en miniatura de una de las vidrieras y uno de los contrafuertes de la Catedral, Paulina Díaz continúa diseñando en 3D nuevos elementos de la Catedral, aunque tanto ella como el promotor de la idea, Javier Jiménez, desconocen cuál va a ser el futuro de estas piezas.

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