Carlos Amigo Vallejo

“No me desagrada que me llamen progresista, pero soy muy clásico”

  • “Aunque he podido ser muy blando en las formas, soy muy firme en las convicciones”. El cardenal arzobispo de Sevilla defiende su forma de ser dentro de la Iglesia española. Además, aquí aborda algunos temas polémicos y de política andaluza. El próximo domingo, día 23, cumple la edad de jubilación. Ya ha enviado la carta de renuncia y espera. Su futuro próximo depende del Papa.

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El cardenal Amigo Vallejo tiene su futuro más inmediato en el aire. En esta entrevista, que nos concede en el Palacio Arzobispal de Sevilla, repasa los tiempos, próxima ya su jubilación. Y como es su costumbre, no esquiva ninguna pregunta, porque guarda respuestas para todo. Se muestra sereno, incluso sin apego al peso de la púrpura.

–La carta de renuncia como arzobispo, por cumplir los 75 años, ya está escrita…

–Está escrita y enviada. No se puede esperar al final. Doy las gracias a los Papas que hubo en este tiempo y confiaron en mí.

–Pero ¿qué pasará ahora?

–Esto depende del Santo Padre. Todas las posibilidades están abiertas. Puede ser que el día 23 o el 24 el Papa me autorice a retirarme. Puede ser que me deje en Sevilla durante un tiempo… Hay diversas fórmulas y posibilidades, pero esa decisión depende del Santo Padre.

–Según un rumor, monseñor Asenjo no se hará cargo del Arzobispado de Sevilla hasta que no culmine la fusión de Cajasur, que él está gestionando.

–En absoluto. No está ligado a nada. Es más, si el Papa aceptara mi renuncia, monseñor Asenjo sería el nuevo arzobispo de Sevilla, pero podría seguir administrando la diócesis de Córdoba durante un tiempo. No sería un problema.

–Y, por cierto, ¿qué piensa de la fusión de la caja vinculada a la Iglesia, Cajasur, con Unicaja?

–Hubiéramos deseado que Cajasur siguiera con su autonomía y su independencia, porque ha realizado una labor extraordinaria. Particularmente ha ayudado al desarrollo de Andalucía y viene haciendo una ingente obra social y cultural. Queríamos que eso siguiera. Pero en estas circunstancias de fusión de cajas, por otra parte necesarias, parece que el convenio garantizará la continuidad de esas actuaciones de Cajasur, aunque no pueda ser en toda la extensión que uno desearía.

–¿Ha tenido diferencias de criterios con Asenjo, su sucesor?

–No, al contrario. Las relaciones son óptimas desde hace muchos años, cuando coincidimos en la Conferencia Episcopal, él como secretario y yo como miembro de la Permanente. Fue una alegría, una satisfacción, que fuera designado para sucederme. Conoce perfectamente a la Iglesia Española y a la de Andalucía. Si hubiéramos buscado un perfil ideal para la Archidiócesis de Sevilla, sin duda yo me hubiera inclinado por Juan José Asenjo.

–¿Qué hará cuando se retire?

–Cuando uno tiene 75 años no puede hacer grandes planes de futuro. Tengo clara mi vinculación y procuraré estar lo más cerca posible de una Fraternidad Franciscana. También están mis obligaciones como cardenal, que me llevan a ciertas responsabilidades.

–¿Pero se ve en Roma? ¿Quizá en algún dicasterio?

–En alguna Fraternidad Franciscana.

–¿Tiene algún proyecto para su jubilación?

–Cuando me jubile me gustaría escribir un libro sobre San Francisco de Asís, una visión personal, dejando correr la imaginación y mis sentimientos. También me gustaría volver a Marruecos, aunque ahora me sería difícil tener movilidad por allí.

–¿Qué ha sido lo mejor de sus años como arzobispo?

–Estar cerca de la gente. Escuchar y servir. Unas cosas se consiguen y otras no. Pero he intentado estar cerca de las personas, que es estar cerca de los sacerdotes, de los pobres, de las hermandades, de los presos, de los gitanos… De los barrios pobres y de los barrios ricos. Sin mirar ni la cartera, ni el color de las personas.

–¿Y lo peor de estos años?

–Cuando he visto situaciones muy duras, de sufrimiento, y no he podido hacer nada.

–¿Alguna que le haya causado especial impacto?

–Pues, por ejemplo, sufrí con los asesinatos del concejal Alberto Jiménez Becerril y su esposa, Ascensión, en un atentado de ETA. También sufro mucho con el caso de Marta del Castillo. Hace poco estuve con sus padres. En situaciones como éstas te encuentras impotente, y te dejan huella.

–Pasemos a la política. Usted ha tenido muy buenas relaciones con Manuel Chaves, en sus 19 años de presidente de la Junta. ¿Qué opina de él?

–El presidente Chaves ha estado mucho tiempo en su cargo de la Junta de Andalucía y su gestión ha sido reconocida como eficaz. Chaves estuvo después de otros presidentes que duraron menos tiempo y potenció la autonomía, que era una nueva forma de vivir en España. Chaves trabajó y se acercó a todas las instituciones. En su honor, debo decir que siempre me escuchó y también a los obispos de Andalucía. En algunas cuestiones estuvimos de acuerdo, aunque otros temas no se resolvieron.

–¿Cuáles han sido las principales discrepancias?

–En los temas culturales normalmente estábamos de acuerdo, pero a veces no, sobre todo en patrimonio, por el importe de las restauraciones y cosas así. En temas educativos no se puede negar lo que han mejorado los colegios, de cómo estaban a cómo están, eso tiene mérito, pero todavía no hay un pacto educativo que permita a los padres elegir centro para sus hijos. En Sanidad, pues los hospitales también han mejorado muchísimo en estos años, pero quizá en algunos temas de investigación bioética hubiera sido necesaria más calma. Las nuevas investigaciones nos dan la razón, como en el caso de las células madre que se pueden obtener por otros métodos. A veces querer ser los primeros nos lleva a ser los últimos en criterios éticos.

–¿Cree necesaria la alternancia?

–Las alternancias políticas tienen sus ventajas. Pueden ser un estímulo recíproco entre los partidos para no dormirse en los laureles. Ante todo, me gustaría que los partidos respetaran la vida democrática y lo que dice la Constitución, en temas como la libertad religiosa, cumpliendo los derechos que tiene la Iglesia por ser mayoritaria la religión católica.

–¿Pero le gustaría una alternancia en Andalucía?

–No me disgusta la alternancia. Aunque también estaría bien que no fuera sólo entre dos partidos.

–Se le suele considerar como un cardenal del sector progresista. ¿Le parece bien esa etiqueta?

–Las personas que dicen “somos el progreso” me parecen un poco ridículas. A lo mejor es preferible ser conservador en unas cosas y avanzado en otras, o mejor estar acorde al momento que te toca vivir. Pero no me desagrada que me llamen progresista. Aunque yo soy más clásico que un cuarteto de cuerda de Haydn.

–¿Es también más blando que otros obispos en temas conflictivos con el Gobierno socialista?

–Una cosa es la blandura y otra la firmeza. A lo mejor he podido ser muy blando en las formas, pero muy firme en las convicciones. Soy enemigo de la violencia en todos los aspectos, incluida la violencia verbal.

–¿Se considera más próximo a Rouco o a Blázquez?

–Me considero muy próximo a la Conferencia Episcopal, con todos sus miembros.

–¿Qué opina de los obispos vascos?

–Hacen una gran labor de pacificación. Los obispos vascos hacen un trabajo increíblemente positivo, con un gran sufrimiento. Yo he pasado muchas horas con ellos. Puedo decir que monseñor Setién me habló de muchas cosas, de sus dificultades, porque no siempre fue comprendido. La labor de los obispos vascos, con su serenidad, ha sido y es admirable.

–Los casos de sacerdotes pederastas le han hecho mucho daño a la Iglesia. ¿Se ha exagerado?

–Creo que estos casos han tenido excesiva publicidad. El 97% de los sacerdotes que hay en el mundo son fieles a su vocación. Los casos de pederastia son mínimos a nivel global, pero claro sí son tremendamente injustos. Han causado mucho dolor a las familias que los sufrieron. El porcentaje es muy pequeño, pero un solo caso ya sería muy grave. Desde luego la justicia debe resplandecer en esos casos.

–A veces parece que la Iglesia no comunica bien. Por ejemplo, en la difusión de su obra social….

–Quizá sea porque se considera normal. Con motivo del congreso de Caridad y Pobreza se hizo un estudio sobre la acción social de la Iglesia en la provincia de Sevilla. El 43% de los centros de asistencia social eran de la Iglesia. No había sector en el que no estuviera representada, en marginación, ancianos, niños, jóvenes, excluidos, discapacitados… En todos. También se hace mucho para el fomento del empleo. Todo esto nos parece normal y a veces ni se publica. Pero bueno, no debemos presumir de lo que hacemos por los pobres.

–¿Qué pide a Dios para su futuro?

–Que cada vez tenga su mano más cerca de la mía. Para que cuando llegue el final la tenga tocándome los dedos.

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