Calle Rioja

Entre sueños faraónicos, sólo lo efímero permanece, el real irreal

  • Relevo. Acaba de terminar la Semana Santa y corre el tiempo para el alumbrado del 15 de abril. Ayer rebajaban el barro del real para echar capas de albero y colocaban las bombillas.

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ES un frenesí controlado. Una paradoja. En tiempos en los que faraónicos proyectos inmobiliarios caían como castillos de naipes, sólo permanece la arquitectura efímera de la Feria. Faraones, pero en desierto de albero. "El albero es de Alcalá de Guadaíra o de Carmona", dice Manolo, de Martín Casillas, que procede con un cepillo a rebajar el nivel del barro dejado por las lluvias mientras su compañero Francisco le sigue con el tractor.

En librería Beta de Asunción hay libros que proclaman ciudades: Estanbul era un cuento, de Mario Levi; París era una fiesta, de Ernest Hemingway. En el día Internacional del Libro Infantil, Fran Nuño y Roser Calafell firman La Feria de Abril, edición ilustrada del realismo mágico.

Charo Romero es barcelonesa, como Narciso Bonaplata, cofundador de la Feria. Se hizo cargo de la caseta de Feria del grupo de empresa El Corte Inglés al jubilarse Esteban Expósito. "El grupo empezó en Sevilla, pero se amplió a toda España". En teoría, la caseta tiene en torno a cuarenta mil socios. Todos los años viene alguno de Santander. La monta gente de la empresa, bajo la batuta de Joaquín, electricista, más de treinta Ferias en su palmarés.

En la ciudad de los prodigios, dos hombres caminan con sendas escaleras sobre sus hombros. La Feria es un homenaje al sueño de Jacob. Un rumano escruta contenedores en busca de amasijos. Un camión lleva dos urinarios. Operarios de Grúas Lozano emulan a los trapecistas del circo aupados en las dos torres de la portada.

Un día le dio a Javier Delgado, sevillano de Lora del Río, por calcular el número total de bombillas que se colocan a lo largo del real. Ayer compartía la faena con Oscar Quero, de una subcontrata de Puente Genil que de aquí irá a la Feria de Conil. Según sus cuentas, en los paños bajos (luces de farolillos) van en torno a 101.280 bombillas; en los paraguas, nombre técnico de cruces de calles, 4.125; en la portada, 25.000; en los paños altos, farolillos con dibujos, 80.500. En total, casi 215.000 bombillas. Estanbul era un cuento, París era una fiesta, las dos ciudades donde Madrid y Barça se juegan su pase a los semifinales de la Copa de Europa. Sevilla, con la apertura balompédica del derbi la víspera del pescaíto, es cuento y fiesta a la vez.

Hay casetas unidas a hermandades de la Semana Santa. Y currantes que no vieron un paso. María Ángeles Vargas, 37 años, de Tomares, y Elisaberth Pérez, 24, de Camas, las dos administrativas en paro, empezaron el Lunes Santo con otros seis compañeros a preparar flores para la caseta del Mercantil, "la más grande de la Feria". Tres semanas de trabajo de siete de la mañana a siete de la tarde. Vieron pocas cofradías. "El Viernes Santo tuvimos el día libre y llovió".

Dos socios jubilados de Renfe, uno cordobés, el otro de Cazalla, se esmeran en los adornos del Centro Cultural Ferroviario Isibilya. "La caseta la monta una empresa". Los mismos camiones de Demetrio, empresa alicantina de Torrellano, cerca de Elche, que se llevaron las sillas de la Campana y de la carrera oficial, participan en el montaje de numerosas casetas. Un cartel de fiestas primaverales. No tan clásico como los que ya se ven en la caseta de los Farmacéuticos.

El rótulo de la caseta de Niños Perdidos está en el suelo de la caseta municipal. José Zambrano es "casi primo" de Benito Zambrano. De Lebrija, como el cineasta. Su empresa, José Gómez, monta ocho casetas, incluida la de Mercasevilla. A su lado, Los Amigos de Paco Tenot, francés que se sevillanizó, exhiben la publicidad de tres profesionales del montaje que parecen Tricicle.

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