Fútbol | Fase previa de la Liga de Campeones

Se goza más sufriendo (2-2)

  • El Sevilla materializa el hito histórico de jugar la fase de grupos de la Liga de Campeones por tercer año consecutivo tras pasarlo muy mal

  • Emre tuvo el pase para el Basaksehir

Ben Yedder celebra el 2-1. Ben Yedder celebra el 2-1.

Ben Yedder celebra el 2-1. / Antonio Pizarro

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Alivio profundo para todo el sevillismo. El Sevilla, por tercer año consecutivo, lo que no ha hecho ningún equipo por estos lares en los que todo es mucho más complicado por ser el sur del sur de Europa, disputará la fase de grupos de la Champions, la que recoge a los mejores clubes del continente. Lo hará después de vivir al borde del precipicio en una noche cargada de temores y tras no ofrecer la auténtica medida de su fútbol en casi ningún momento. Incluso se acercó al infarto en la falta lanzada por Emre en el minuto 90 que se estrelló en el poste de la portería de Sergio Rico, pero el fútbol es así, no basta con dar en la madera e igual que le sucediera en el trallazo de Mercado en el minuto 14 la pelota, siempre caprichosa, optó por irse hacia fuera.

El Sevilla, se quiera o no se quiera, había obtenido el resultado que le bastaba para meter su bola en el sorteo de mañana junto a la élite continental y eso es lo único válido a la hora del juicio global de lo acaecido la calurosa noche agosteña que se vivió en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Otra cosa es que los numerosos cuerpos técnicos, que cada vez tienen más elementos en el fútbol contemporáneo, cojan el vídeo del partido para desmenuzarlo y sacar todas las conclusiones del mundo sobre lo que los hombres que se vistieron de blanco hicieron mal; también de los aspectos positivos, que los hubo, por supuesto que sí.

Porque el Sevilla, entre otras cosas, fue capaz de darle la vuelta al marcador cuando más negro parecía el horizonte después de una primera mitad desesperante para sus fieles por el juego desarrollado por la tropa de Berizzo. El argentino eligió de salida a los mismos que partieron en Estambul con la excepción de la presencia de Jesús Navas por Montoya en el extremo derecho. Todo entraba en el apartado de lo previsible, de no dejar mal a los campitos que se hacen en las previas y ahí está el de este periódico para atestiguarlo. Exactamente el mismo once en un juego de adivinanza, aunque ésta fuera de lo más fácil.

Y los sevillistas partieron con toda la mecha dada, tanto que en el minuto 3 ya deberían haberse puesto por delante en el marcador para espantar de una vez por todas los temores existentes por una presión que también juega, todo hay que decirlo. Primero fue Correa quien la tuvo en un fenomenal pase de Banega, pero el extremo argentino le pegó con la inocencia que en él es habitual y casi estrelló el balón en Babacan. Con más fe golpeó Ben Yedder un minuto después, pero su disparo salió ligeramente desviado. El cuadro de Berizzo había arrancado con fuerza y después llegaría el disparo antes mencionado de Mercado que se fue al poste.

Pero el fútbol es caprichoso y en el primer acercamiento de los turcos Adebayor se retrasó para provocar un desajuste generalizado en la zaga local. Quien llegó fue Junior Caiçara para aprovechar el pase profundo del togolés y dejar completamente solo en el remate a Elia. El 0-1 fue un verdadero mazazo para los blanquirrojos, que se quedaron bloqueados e incapaces de reaccionar por el miedo que les entró por el cuerpo.

El Sevilla, entonces, fue un grupo de futbolistas completamente descolocados, incapaces de acercarse unos a otros para que todo les fuera más fácil, sobre todo la combinación con la pelota y también, por supuesto, la recuperación de la misma en la fase defensiva. Especial trascendencia tuvo la posición abierta de los extremos, particularmente Correa, que no se iba al medio y no ayudaba a N’Zonzi en la recuperación, al mismo tiempo que a la hora de atacar los suyos le cerraba el carril para avanzar a Escudero. En la derecha, con Jesús Navas era algo parecido, con la diferencia de que Mercado no subía tanto.

Con Banega con demasiados metros y sin plantar sus reales en algún sitio para mandar de verdad en el juego, lo anterior provocó un desequilibrio al dejar en solitario a Guido Pizarro ante demasiados rivales. Berizzo lo arregló en el segundo periodo colocando a N’Zonzi junto al eje argentino y ya todo fue más coherente. Incluso Correa comenzó a irse hacia el medio y gracias a ello generó la superioridad para el centro de Jesús Navas en el 1-1. Todo había empezado a encauzarse y después Nolito pareció haberlo arreglado de manera definitiva con el regalo a Ben Yedder en el 2-1. Los dos recortes del sanluqueño a Junior Caiçara fueron de muchos quilates.

Muchos pensaron que todo había acabado, pero al Sevilla, lógicamente, se le hicieron muy largos los 90 minutos, entre otras cosas porque lleva bastantes partidos oficiales menos que su rival en las piernas y eso se nota muchísimo a estas alturas de la preparación física. El Basaksehir apretó, marcó en la segunda ocasión que tuvo, en fuera de juego dicho sea de paso, y el tramo final fue un verdadero calvario para los blancos. Pero el marcador se quedó como estaba y el Sevilla Fútbol Club será quien esté en la fase de grupos de la Champions. Historia pura y antes de que la memoria mande al limbo este partido, que todos los sevillistas se queden con la conclusión de que se goza infinitamente cuando se sufre para llegar hasta el objetivo.

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