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A Anfield se viene a esto, a sumar (2-2)

  • El Sevilla se lleva un punto en su estreno en el mítico estadio del Liverpool después de saber sufrir durante algunas fases.

  • Muriel le pudo dar el premio gordo a los blancos en la última jugada, pero no acertó.

Excelente resultado del Sevilla en su estreno en un campo tan prestigioso como Anfield Road. El cuadro nervionense no sólo no se fue con las manos vacías del templo del Liverpool sino que tuvo la oportunidad de irse con las alforjas absolutamente llenas en la última jugada del choque. Muriel, con su gran potencia, se fue hacia la portería de Karius, dejó atrás a Matip como si el central alemán fuera un liliputiense en lugar de un gigante de 195 centímetros y su disparo con todo a favor se le fue fuera. ¡Uy! extremadamente sonoro en la grada en la que los sevillistas llegaron a soñar con algo gordo durante unos pocos segundos.

Hubiera sido casi como si le hubiese tocado la lotería al Sevilla después de lo visto durante los 96 minutos que se jugaron, eso es cierto, pero el fútbol es así, es un deporte tan maravilloso por la sencilla razón de que la única estadística válida de verdad cada vez que se juega es el número de goles a favor y en contra. Si un equipo suma uno más que el rival celebra al mismo tiempo que entra en un estado de amnesia sobre el proceso que ha tenido que desarrollar para conseguirlo. Y de haber marcado Muriel en esa jugada del final, ése hubiera sido el único balance posible del estreno en Anfield, en la calle del mismo nombre de Liverpool.

Faltó esa guinda, cierto, pero los sevillistas no se pueden quejar de lo expuesto por los suyos a la hora del balance global, sí de algunos parciales en los que los locales fueron tremendamente superiores y se acercaron muchísimo más hasta Sergio Rico. Fue así pese a que el partido no pudo comenzar mejor para el Sevilla. Había arrancado el Liverpool con el ánimo alto por el calor de los suyos, con la intención de avasallar a las huestes de Berizzo y lo que ocurrió fue precisamente lo contrario. No se habían contabilizado ni cuatro minutos siquiera cuando una entrada de Escudero por la izquierda concluía en un centro fuerte que cayó en los pies de Ben Yedder, previo error de Lovren. Ventaja para los blancos con el litigio recién comenzado, aunque con un partido entero aún por desarrollar.

Está claro que siempre es mejor ponerse por delante en el electrónico cada vez que se juega al fútbol, mas era tanto el camino aún por recorrer que aquello se antojaba casi anecdótico. Berizzo había arrancado el juego con Pizarro como vértice atrasado de su tradicional triángulo de centrocampistas. N’Zonzi y Banega lo completaban para que las tareas más atacantes correspondieran a Jesús Navas, Ben Yedder, los intocables hasta ahora en las citas de fuste, y Correa, éste en sustitución del lesionado Nolito. Eran, con Pareja y Kjaer en el centro de la zaga, cinco futbolistas los que refrescaban al equipo que afrontara la última cita liguera contra el Eibar.

¿Y cómo se desarrolló el juego tras el tanto tempranero de Ben Yedder? Mal para un Sevilla incapaz de retener la pelota el tiempo suficiente para atemperar el ímpetu de un Liverpool que hacía bastante daño por las dos bandas, particularmente por la que ocupaban Mercado y Jesús Navas, donde Mane y Alberto Moreno, éste de manera fundamental, hacían muchísimo daño cada vez que progresaban en velocidad. El peligro se olía y en cualquier momento podía llegar la igualada. Hasta que una irrupción del lateral formado en la carretera de Utrera destrozó a toda la zaga visitante.

Empate de Firmino y aquello comenzaba a pintar mal. Pizarro ya tenía algún problema físico y el Liverpool no se quedó en el empate sino que pisó a tope el acelerador para desnudar a un Sevilla desbordado. Tuvo otra opción clarísima Emre Can antes de que se demostrara que los reds le habían puesto mucho más ardor a la pelea. Cierto que el juez holandés pudo decretar falta de su compatriota Wijnaldum sobre N’Zonzi, pero se hizo el loco y el robo, previa ilegalidad, acabó con el balón en las redes de Sergio Rico tras un disparo de Salah que rebotó en Kjaer antes de convertirse en el 2-1.

Y pudo ser muchísimo peor para un Sevilla que ya hacía aguas por todos lados de no ser porque Firmino estrelló un penalti en el poste al filo del intermedio. Gracias a ello, todo quedaba abierto y la posibilidad de no irse de vacío de este estreno en tan prestigioso recinto balompédico era un hecho real. Lo siguió siendo, además, pese a algunas opciones de llegar hasta Sergio Rico que tuvo el cuadro de Jürgen Klopp, ninguna diáfana a decir verdad.

Los sevillistas celebran el tanto del empate. Los sevillistas celebran el tanto del empate.

Los sevillistas celebran el tanto del empate. / James Hinks

Además, el entrenador alemán se había encargado de emponzoñar algo la situación con sus protestas en el banquillo hacia un Berizzo que se iba al vestuario expulsado por una tontería de retrasar un saque de banda cuando aún iba perdiendo su equipo. Algo después llega un cambio que será decisivo para lo que queda por jugar. Muriel ingresa por el fatigado Ben Yedder y el colombiano se iba a encargar de evidenciar su extrema calidad en un escenario de este fuste. Fueron varios chispazos, incluso un regate junto a la línea de portería, hasta que habilitó a Correa. El argentino se llevó el balón en medio del barullo y esta vez sí acertó con la portería rival.

Dos a dos, el Sevilla se había repuesto de todos sus males y el pulso volvía a estar en lo más alto, sin que existiera un dominador de aquello. Es verdad que el Liverpool apretó, como no podía ser de otra manera, pero la figura de N’Zonzi cada vez se agigantaba más en defensa y Muriel sencillamente derramaba gotas de esencia cada vez que le llegaba el balón. Hasta que peleó uno en el minuto 93 y debió hacer el 2-3. Hubiera sido un pequeño nirvana dentro de tantas situaciones de extremo goce como han vivido ya los sevillistas en estos tiempos de vacas gordas. Otra vez será, vendrán más oportunidades para un equipo que ya se comporta como uno más de esa élite tan selecta.

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