Las horas bajas del bielsismo

  • Berizzo pasa por un mal momento ante la crítica y la afición mientras su mentor es destituido en el Lille.

Eduardo Berizzo sigue con tensión el partido ante el Levante bajo la lluvia. Eduardo Berizzo sigue con tensión el partido ante el Levante bajo la lluvia.

Eduardo Berizzo sigue con tensión el partido ante el Levante bajo la lluvia. / antonio pizarro

El bielsismo está en crisis. Marcelo Bielsa acaba de ser destituido en el Lille. Y su principal seguidor, Eduardo Berizzo, pasa por sus peores horas desde que aterrizó en el Sevilla. ¿Casualidad o causalidad? Hay quien ve en ese fútbol romántico del ataque y el balón como piedras angulares irrenunciables un modelo caduco. Y hay quien ve que se trata de una errónea aplicación del sistema o de un imposible encaje en plantillas que no responden a las necesidades físicas y técnicas de un modelo en el que aún se ven los arcaicos marcajes al hombre, saliendo incluso lejos de su zona. De todo hay.

Bielsa acaba de ser destituido por primera vez de un equipo de fútbol. No es que haya encontrado el éxito en todos los que ha estado, pero por su forma de ver el fútbol y la vida es hombre de tomar la puerta en cuanto ve que no hay consonancia entre su ideología y la gestión de la dirigencia. Le pasó con la selección argentina, que abandonó en 2006 -no en 2002, cuando cayó en la primera fase del Mundial-; con la chilena, que dejó en 2011 por desavenencias con la dirigencia de la federación; también con el Olympique de Marsella, donde dimitió por no cumplirse a su entender los términos de su nuevo contrato en 2016, pese a que en el Velodrome sí estaba triunfando su modelo. Únicamente en el Athletic encontró el rechazo de la directiva bilbaína a renovarle el contrato en 2013, tras una trayectoria venida a menos. En el Lille, en cambio, ha sido la cruda realidad de los resultados, ni desavenencias ni cuitas éticas, las que han puesto en el paro a Bielsa.

El Lille marcha en la cola de la Ligue 1, decimoctavo con 5 triunfos, 3 empates y 10 derrotas. Las dos últimas, producidas de forma consecutiva a domicilio ante el PSG y el Dijon, acabaron con la paciencia de la directiva norteña.

Evidentemente, Berizzo está lejos de esta realidad. El Sevilla es quinto, con 9 triunfos, 2 empates y 5 derrotas. Por lo tanto, sería injusto decirle, parafraseando el refrán, cuando las barbas de tu mentor veas cortar pon las tuyas a remojar. Máxime tras la mojada que se pegó el técnico en su reaparición aún convaleciente. Pero el sevillismo empieza a verlo como principalísimo culpable de la situación que atraviesa un equipo cuyo juego no sólo no convence, sino que deja muchísimas dudas, por el atasco continuo en ataque, la falta de consistencia en una medular lentísima y la debilidad de una zaga cogida con pinzas. La planificación también se mira con lupa, pero ya es difícil esconder que muchos futbolistas que rendían el año pasado con Jorge Sampaoli esta temporada están atravasando un extraño bache.

Sampaoli, que tampoco ha hecho un papel de relumbrón con la albiceleste, también es seguidor de Bielsa, aunque no ha sido su segundo técnico como sí lo fue Berizzo en La Roja, la selección de Chile. Pero es admirador del rosarino. Y éste le soltó el pasado mes de mayo, en plena polémica por la presión de la AFA para ficharlo como técnico de Argentina, una frase lapidaria. ¿Con sorna? "Sampaoli no es un discípulo mío. (...) Una de las virtudes de los entrenadores es la flexibilidad. No enamorarse de su propia idea", explicó Bielsa, que añadió con cierta ironía: "Sampaoli sí cede en sus ideas porque tiene un poder de adaptación que yo no tengo. Eso lo hace mejor que yo, indudablemente".

Quizá en eso se diferenció Sampaoli de Berizzo. El casildense pecaba de idolatría, como demostró con su trato a Nasri, que acabó desmembrando el vestuario y hundiendo al equipo. Y Berizzo es lo contrario. Por su fe en el colectivo se ha cargado a N'Zonzi. Pero aquel se ganó al sevillismo por su ductilidad. Renunció a los tres centrales, utilizó varios esquemas de juego, fue capaz de inventar sobre la marcha. A Berizzo, en cambio, lo está condenando ese enamoramiento cerrado en su idea, su bielsismo acérrimo. Y como el bielsismo siga en horas bajas...

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