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La ilusión es un concepto mental

  • Montella asienta un once sin mirar a la Copa y sacrifica la frescura por el poder de la convicción para refrendar con un triunfo la fe en la resurrección

N'Zonzi y Muriel felicitan a Sarabia tras el soberbio gol del madrileño. N'Zonzi y Muriel felicitan a Sarabia tras el soberbio gol del madrileño.

N'Zonzi y Muriel felicitan a Sarabia tras el soberbio gol del madrileño. / andreu dalmau / efe

Decía en la previa del Espanyol-Sevilla Quique Sánchez Flores que tenía una fe infinita en el poder de la mente mientras Vincenzo Montella le daba una importancia capital a lo mental sobre lo físico. Ambos llegaban al encuentro espoleados por sendos triunfos de prestigio en la Copa, y con la intención de que ésta no distrajese más de la cuenta para la Liga. Y sucedió que ganó el que unió a lo mental la calidad. Para ello, el napolitano sacrificó cualquier atisbo de reservas o rotaciones y repitió el equipo que ganó en el Metropolitano. Se salió con la suya, porque ahora sí que hay fe en la resurrección del equipo, aunque pesen las piernas.

La ilusión es un concepto mental. Es una obviedad lingüística que redunda en la cualidad abstracta de esa palabra que define a la perfección el estado en el que se encuentra el sevillismo apenas cuatro días después de estar hundido en el más negro de los pesimismos. El fútbol suele fundamentarse en conceptos concretos: ocupación de espacios, fuerza física, calidad técnica, choques, saltos, carreras, golpeos, remates, contactos... Aunque al ser un deporte colectivo todo tiene una base abstracta: es fundamental para que un equipo funcione la fe en el otro, la convicción en el colectivo, la unión de las voluntades en un fin común que todos deben imaginar. Al final, es una cuestión mental, parece ser...

En sólo tres días Montella ha devuelto la fe al sevillismo tras la sima de Mendizorroza

Creer, no obstante, que sólo es una cuestión mental es un error. Sin esos conceptos concretos, sin una buena ocupación de espacios, una adecuada intensidad y agresividad en cada choque o cada balón dividido, una buena coordinación táctica a la hora de salir a presionar o replegarse, esa necesaria fuerza física y esa calidad técnica para bloquear un disparo, superar al rival y chutar a gol, sin esas virtudes físicas no hay mentalista que doble la cuchara del triunfo. La ecuación perfecta, por tanto, es la suma adecuada de físico y mente. En el fútbol, cuando se da, esta ecuación hace felices a miles de personas. Y surge la ilusión.

A Montella le ha costado dar con la tecla para coger un grupo de jugadores descreídos en la fe de un entrenador que tenía la mente en algo mucho más serio que el fútbol y convertirlo en un equipo convencido de lo que hace. "Vamos a una y sabemos a qué jugamos", dijo tras el triunfo en Cornellá. Era necesaria esa victoria para que todos tuvieran fe en la resurrección del Metropolitano, tras la negra sima de Mendizorroza, de ahí que repitiera el equipo sin reservar ni un titular de ese once que sí responde a la calidad real de cada elegido por encima del currículum, aunque siempre hay sitio para el debate. El del delantero centro es el caso más claro en el Sevilla, aunque Muriel se reivindicó ante Ben Yedder gracias a su continuidad. Bienvenido ese debate del 9, aleluya.

El problema es que para que funcione la ecuación, físico y mente, el cuerpo debe estar en buen estado y en Cornellá, por ejemplo, dio síntomas de lógica fatiga Banega, que lleva ya 18 partidos oficiales consecutivos sin descansar. Mucha tela para el físico del argentino, un mentalista del fútbol. Y es un problema porque el siguiente paso de la resurrección es la vuelta copera con el Atlético. En el Ramón Sánchez-Pizjuán se escenificará la nueva ilusión. Todos a una, equipo y afición, a doblegar al temible equipo de Simeone. ¿Podrán las piernas? Para eso está la mente.

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