Con cada nueva temporada se multiplica el diccionario

Puchero 'mainstream'

La presentadora Pilar Rubio con estampado de leopardo o 'animal print'. La presentadora Pilar Rubio con estampado de leopardo o 'animal print'.

La presentadora Pilar Rubio con estampado de leopardo o 'animal print'.

LA globalización es lo que tiene, que cuando vas de sobrado con unos pantalones que crees originales, descubres que es tendencia absoluta en las antípodas. Luego se lo ves a tu prima, que es una hortera de cuidado, a la ex novia de tu novio, que tiene un tipo mejor que tú, y a tu tía la de Soria, que ronda los 70 y no es lo que se dice una señora moderna. La inditextización de la ropa ofrece productos económicos -últimamente no tengo muy claro para qué bolsillos- con la condición de tener que ir vestido como el resto de la humanidad. Vale, lo asumimos.

Si la globalización trajo consigo que una asiática se embutiera en unos vaqueros y a las canadienses les diera por plantarse una chaqueta torera, no es de extrañar que ésta nos acerque también un amplio abanico de palabrejas que no comparten lengua materna con la nuestra pero que se han convertido en las reinas de nuestro vocabulario. Atentos, señores de la RAE. Como no podía ser de otra forma, esas nuevas palabras llegaron de manos de la moda. Con cada nuevo pantalón procedente del otro lado del charco venía un vocablo en inglés que, aun sin saber el significado, encajábamos en nuestro lenguaje con total naturalidad. Así, animal print, oversize, must have o black dress se convirtieron en palabras de uso cotidiano para nosotros (aunque pongo en duda que mi tía la de Soria tenga muy claro su significado). Pero esto sólo fue el principio.

El vocabulario del mundo de la moda abrió la veda a un universo en el que todos los ámbitos tienen cabida. De ahí que cuando voy en el autobús tenga que mirar dos veces por la ventana para no creerme en Nueva York. Mainstream, random, streaming, crowdfunding y spoiler, todo un trabalenguas con el que los amigos anglosajones nos quieren hacer olvidar nuestras propias palabras con las que sabemos que se puede decir exactamente lo mismo (aunque no suene tan cool) . Pero tranquilos, coetáneos míos que no habéis sucumbido a la fonética inglesa, podrán robarnos los vocablos, pero nuestro puchero de los lunes no nos lo quita ni Obama.

Artículo publicado en Grupo Joly por Pilar Larrondo

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