Andalucía

Marín quiere más cambios en el Gobierno

  • Ciudadanos en Andalucía entra en crisis, con una lucha abierta entre el vicepresidente con una de sus consejeras y buena parte del grupo parlamentario

El portavoz de Ciudadanos, Sergio Romero. El portavoz de Ciudadanos, Sergio Romero.

El portavoz de Ciudadanos, Sergio Romero. / José Manuel Vidal/EFE

Adelante Andalucía y Ciudadanos han entrado en crisis, los partidos cools que nacieron como respuesta a la indignación con la clase política se están deshaciendo, y ambos por las mismas causas: una lucha de poder en su interior, imposible de resolver por los medios arbitrados de elecciones primarias. La fractura en Adelante Andalucía es la más avanzada, el grupo parlamentario de lo que fue la marca electoral de Podemos e Izquierda Unida estaría roto si no fuese porque los parlamentarios que se marchasen pasarían a los no adscritos y perderían el dinero de la formación. La de Ciudadanos es la más grave, porque es uno de los dos partidos gobernantes.

Por lo general, el poder es un bálsamo que cura las diferencias internas, pero los naranjas están atravesando una crisis que se ha hecho pública por haber pretendido extenderla a todo un Gobierno. El vicepresidente Juan Marín, primer responsable del partido en Andalucía, quiso sacar a la consejera Rocío Ruiz del Ejecutivo andaluz, y como no pudo, intentó matarla a pellizcos con un resultado de daños colaterales y fuego amigo. Aun así, diversas fuentes relacionadas con el Gobierno explican que Marín quiere realizar nuevos cambios en la administración andaluza, reformas que, según su opinión, deberían afectar a los departamentos dirigidos por el PP.

La reforma anterior se tradujo en una pérdida de peso de Ciudadanos en el Gobierno en favor del PP, cuyo consejero de Hacienda asumió el control de los Fondos Europeos, mientras que el de Salud se quedó con las residencias de mayores. Lo único que obtuvo Marín es que el Instituto Andaluz de la Juventud pasó a la consejera de Empleo, Rocío Blanco, lo que permitió cambiar a casi todos los delegados que tenía Rocío Ruiz, la titular de Igualdad.

Los daños han sido cuantiosos. A la purga en toda regla en el Instituto Andaluz de la Juventud, donde todavía está por ver si seguirá la nueva directora de Programas, Adela Jiménez, antecedió una dimisión atropellada en la Delegación de Educación de Sevilla, la de Miguel Martín, antecedida de un cese, el de Marta Escrivá, por crítica. Los cambios en el Gobierno fueron presentados como una respuesta técnica a la pandemia de Covid, pero lo cierto es que no tuvieron ni esa apariencia de realidad.

Los críticos de Juan Marín sostienen que el vicepresidente de la Junta ha construido un Ciudadanos dentro de Ciudadanos, una camarilla de conocidos y de leales que está abiertamente enfrentada a la consejera Rocío Ruiz; al portavoz parlamentario, Sergio Romero; a más de la mitad del grupo en la Cámara y, en especial, a Fran Hervía, uno de los pocos ex dirigentes de los tiempos de Albert Rivera que siguió en el partido. Los leales a Marín han puesto en duda la continuidad de Sergio Romero, lo dejó caer el parlamentario Julio Ruiz en una reunión de grupo porque el portavoz le había dado un me gusta a un mensaje de Fran Hervía en las redes. Ruiz tampoco es muy expresivo, de modo que no ha habido una petición expresa de dimisión.

En dicho mensaje, Fran Hervía se refería a personas "purgadas" en el Instituto Andaluz de la Juventud, en lo que supuso una declaración abierta de guerra con Juan Marín. 

Con motivo de las pasadas elecciones autonómicas, Albert Rivera abordó si buscar otro candidato a la Junta y la respuesta, que él mismo se dio, es que no había datos en su contra. En efecto, Marín siguió ganando parlamentarios. A su favor, el vicepresidente andaluz es quien tiene la confianza del PP y de Juanma Moreno, él es el interlocutor con los aliados. Sin embargo, a Ciudadanos no le van bien los sondeos. El del Centro de Estudios Andaluces, conocido esta semana, lo sitúa como cuarta fuerza, por detrás de Vox, si bien es cierto que, a nivel nacional, la situación es aún peor.

Juan Marín tendrá el poder, al menos, hasta que se convoquen las elecciones. Cuando esto ocurra, y no llegará hasta 2022, los dos partidos cools habrán roto. Teresa Rodríguez, ya sola, intentará liderar unas CUP a la andaluza y, entonces, se verá si Marín tiene, de verdad, la confianza de Inés Arrimadas.

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