"Paradisíaca soledad"

doñana Enclave privilegiado, flanqueado por la desembocadura del Guadalquivir y la costa atlántica

Rajoy es el cuarto presidente del Gobierno que elige el Palacio de las Marismillas para pasar unos días de sus vacaciones

Palacio de las Marismillas, en Doñana.
Palacio de las Marismillas, en Doñana.
Alfredo Martínez (Efe) / Sevilla

18 de agosto 2012 - 05:04

Mariano Rajoy es el cuarto presidente del Gobierno que escoge para descansar el Palacio de Las Marismillas, finca del Parque Nacional de Doñana que ofrece una "paradisíaca soledad", según evoca uno de sus últimos propietarios, Carlos Morenés y Mariátegui, marqués del Borghetto. Esta "paradisíaca soledad" que las casi once mil hectáreas de la finca Las Marismillas brindan a sus visitantes se basa en su ubicación, en el extremo sur de las marismas de Doñana y flanqueada por la desembocadura del Guadalquivir y la costa atlántica.

Marismillas suma una pléyade de ecosistemas y paisajes para disfrute de sus visitantes: amplias marismas que se inundan y se desecan anualmente; decenas de kilómetros de playa virgen; cordones de dunas móviles que se adentran varios kilómetros desde la costa; tupidos pinares con ejemplares centenarios y espesas zonas de monte bajo muy variado.

De su atractivo ya dio cuenta Fernán Caballero, al definir estos parajes como "desierto y paraíso, vergel y páramo", o el naturalista británico Guy Mountfort, uno de los divulgadores mundiales de Doñana, quien destacó "el virginal destello" de sus "arenas blancas". El disfrute de Marismillas por las élites españolas no es reciente: Alfonso XI convirtió en el siglo XIV estas tierras, propiedad de los Duques de Medina Sidonia, en uno de sus cazaderos preferidos.

Marismilla pasó en 1900 al bodeguero jerezano Guillermo Garvey, quien mantuvo la actividad cinegética a la que invitaba a monarcas y políticos españoles, así como a príncipes de numerosas familias reales europeas. Alfonso XIII fue asiduo cazador en la finca. Franco no fue menos y mató en Marismillas 4 venados y 2 jabalíes en octubre de 1944, en una visita con una fría acogida por parte de los entonces propietarios, la monárquica familia Borghetto, a la que sorprendió descubrir entre los enseres del general el brazo incorrupto de Santa Teresa, según relata Carlos Morenés en su Historia del Coto de Doña Ana. Un joven de 15 años llamado Juan Carlos de Borbón también cobró su primera pieza en Marismillas en octubre de 1953.

A mediados del siglo pasado, los nuevos dueños, los duques de Tarifa, reforzaron el estilo de casa de campo británica del Palacio con su actual estructura de dos amplios ventanales, un mirador corrido y un colorista tejado. El inmueble sumaba en su planta superior dieciocho dormitorios y cuartos de baño, mientras que en su planta baja destacaba un impresionante comedor, con paredes forradas de nogal y una mesa de cinco metros de largo, de una sola pieza de caoba de Cuba, que Garvey compró en un concurso de muebles de San Francisco (EEUU).

Ya en manos de la familia Morenés, la finca fue expropiada por el Estado en lo que constituyó un proceloso contencioso judicial sustanciado en diciembre de 1998. Ahora es el Estado el que gestiona desde hace década y media Las Marismillas -en plural- y el que vela por preservar su "paradisíaca soledad", para muchos, el alma verdadera de Doñana.

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