Andalucía

Contra el imperio de la corrupción

Isolda es la amada del Tristán arturiano, Rocket es cohete en inglés y Arcos es una solución arquitectónica. Estas tres palabras tienen en común la inspiración de los máximos responsables de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, que, entre otras muchas funciones, se encargan de desenmascarar tramas de corrupción y bautizarlas. "Unas veces estamos más inspirados que otras con los nombres". En Isolda se descubrió que un funcionario, una notaría y un arquitecto de Granada modificaban el catastro de manera fraudulenta. El amante de Isolda, Tristán, hacía referencia a la misma práctica, pero en la provincia de Málaga. En Rocket se siguió la pista de subvenciones europeas, nacionales y autonómicas destinadas al desarrollo de las zonas mineras de Peñarroya, en Córdoba, y que fueron desviadas a los bolsillos de los que las gestionaban. En Arcos, el alcalde de Alcaucín, en Málaga, y algunos miembros de su familia y empresarios y arquitectos fueron detenidos por permitir y favorecer la construcción de viviendas en suelos no urbanizables de la Axarquía.

Son sólo unos ejemplos de actuaciones realizadas en Andalucía por una gran unidad subdividida en grupos que cumple ahora 25 años de vida, que supuso un gigantesco paso en la modernización de la Guardia Civil, la institución mejor valorada por los ciudadanos, y que sobre todo se ha dado a conocer, tras multitud de operaciones antidroga, contra el patrimonio o contra la trata de mujeres destinadas a la prostitución, por llevar el peso de uno de los mayores escándalos de corrupción de la historia de la democracia. Ese día el encargado de poner los nombres estuvo inspirado. Pensó en el hijo de Zeus, el símbolo de la bandera verdiblanca, Heracles, el patrón de los ERE falsos de la Junta de Andalucía. "Nos conocemos muy bien Sevilla, estamos allí cada dos por tres", se sonríe el comandante que coordina los trabajos del grupo de investigación. Es el hombre que ha estado presente en buena parte de las decenas de interrogatorios realizados a los personajes clave de la trama que permitió desviar una cantidad estratosférica de millones de euros destinados a buenas condiciones en miles de despidos. Los despidos se convirtieron en un magnífico negocio para un grupo de personas que hicieron de las cifras de paro una fortuna personal.

Nadie diría que este comandante de la unidad de investigación de delitos económicos, que luce una moderna barba bien cuidada en un rostro aún juvenil, viste vaqueros y deportivas y una camisa de cuadros, pertenece a ese cuerpo de origen rural que se asocia con un tricornio. Tampoco se pensaría del treintañero que dirige la unidad adscrita a la Fiscalía Anticorrupción o al jovial mando de expresión casi aniñada y dulce que está al frente de la unidad de delitos contra la Administración, que cambió de nombre recientemente. Antes este grupo perseguía los delitos urbanísticos, pero la burbuja estalló y los vivos buscaron nuevos lugares donde coger dinero de la caja. "Donde hay dinero, está la picaresca para llevárselo. Ahora la mayor parte de los delitos que perseguimos tienen que ver con la contratación pública, que supone un 6% del PIB. Ya no se da tanto el delito urbanístico como el fraude en la subvención". Coinciden estos investigadores en que la dificultad de su tarea, en la que no se da un perfil único del corrupto, estriba en que trabajan con hechos que se remontan en el tiempo. "Es una labor de rastreo hacia atrás en cuestiones que sucedieron cinco o, como en el caso de los ERE, hasta diez años antes".

Todos los jóvenes mandos de los departamentos de la UCO relacionados con los distintos modos de delincuencia económica tienen carreras universitarias y se han ido formando con másteres en las más variadas disciplinas de la administración pública, como asesoría fiscal y tributaria, además de cursos de contabilidad y de administración de empresas. Tienen que conocer el mecanismo interno para saber cómo funcionan los corruptos. "Con los ERE hemos hecho algo más que un máster, ha sido un doctorado que nos va a ayudar mucho en futuras investigaciones". "Podríais montar una asesoría". "Sí, una asesoría para malos", bromea uno de los investigadores, que podría ser perfectamente Rubén Bevilacqua, el guardia civil de la UCO que protagoniza las novelas de Lorenzo Silva.

"Nuestra tarea es analizar datos y papeles. Toneladas de papeles. En las operaciones siempre nos verás sacando cajas con papeles, ordenadores, discos duros, volcar servidores... Después viene el análisis documental, la tarea de calle... Aquí se llevan investigaciones muy globales". Habla uno de los veteranos de la unidad, el responsable de relaciones con los medios, un hombre curtido que sí que empezó su carrera en los puestos y las casas cuartel. Huérfano de guardia civil, cuando en el año 91 vio la posibilidad de dar el salto de su destino, en Valladolid, a una unidad moderna, dinámica, volcada en la investigación, no se lo pensó dos veces. Hoy se conoce perfectamente estas dependencias situadas en un enorme edificio impersonal ubicado cerca de Barajas donde trabajan más de 400 miembros del cuerpo, la terminal nerviosa de centenares de investigaciones que se realizan en toda la geografía española. "Estamos alejados del territorio pero coordinados con el territorio. Es imprescindible el apoyo de los puestos, pero a la hora de actuar contra alcaldes, funcionarios o empresarios no conocemos quiénes son. Esa distancia es necesaria".

El origen de la Unidad Central Operativa se remonta a los años del plomo, 1982, cuando el gobierno socialista, cuya principal preocupación era la incesante actividad criminal de ETA, piensa en dotar a los jueces de una policía específica dentro de la Guardia Civil. La idea tarda varios años en materializarse y, cuando lo hace, nos hallamos ante una sociedad española absolutamente transformada. El crimen organizado empieza a tomar forma y la prensa empieza a poblarse de escándalos económicos. España, decía el entonces ministro de Economía Carlos Solchaga, era el país con más oportunidades para hacerse rico rápidamente. "Es un nuevo tipo de trabajo para una España distinta, donde la delincuencia ya no era tan local. Antes la Guardia Civil conocía a los delincuentes de sus territorios; ahora los delincuentes operan de otra manera, a una escala mayor. Los guardias civiles, que seguían manteniendo su función necesaria de patrullar, no tenían recursos para investigar delitos que se escapaban de su ámbito de actuación". En 1989, hace ahora 25 años, esa Unidad Central se hace realidad.

Un comandante, dos capitanes y dos sargentos son el germen de lo que ahora es la Unidad Central Operativa, que crece en los años 90 hurgando en complejos casos de blanqueo de dinero. La delincuencia está más formada, conoce más trucos y la Guardia Civil tiene que ir detrás.

"En estos años hemos estrechado relaciones con el Tribunal de Cuentas, con el Instituto de Estudios Fiscales, con la Hacienda Pública. Tenemos que conocer muy bien cómo funciona la Administración para defender el dinero de todos", explican los miembros de esta nueva generación de guardias civiles con una formación en investigación acorde con los retos de los tiempos.

Y el caso de los ERE fue un gran reto. "¡Madre mía!, por dónde empezamos, dijimos cuando nos empezaron a llegar las cajas con la documentación de los expedientes de regulación andaluces. Hasta hace muy poco estaban aquí. Llenaban casi una habitación". "¿Y por dónde empezaron?". "Lo primero era saber qué era un ERE y cómo se tramita. Te aseguro que ahora lo sabemos al dedillo, pero en un principio era algo absolutamente nuevo para nosotros. A continuación, indizar, darle un orden a millones de folios y trazar una pauta. Ante una investigación de semejante volumen, como nunca se había realizado antes, tienes que marcarte un camino rectilíneo porque te van saliendo nuevas líneas de investigación que tienes que ir apartando porque sino te pierdes". "Es lo que pasa con el fraude de la formación". "Claro, esa era una línea de investigación que continuamente nos estaba saliendo según nos adentrábamos en el funcionamiento de los ERE. Sabíamos que tendríamos que afrontarlo en algún momento. Hasta que llegó el pasado verano la declaración del director de Formación, quien nos habló de cómo Juan Lanzas, el conseguidor de los ERE, también estaba relacionado con la formación. Ya no podíamos demorarlo más. Había que abrir una nueva línea y así se lo hicimos saber a la juez".

La juez, naturalmente, es Mercedes Alaya, que ha encontrado en la UCO un brazo ejecutor de una enorme utilidad para su investigación. Los miembros de la Unidad Central reconocen que la relación con Alaya es muy fluida, "mucho tiempo trabajando juntos y conociendo el caso, viendo cómo crecía, cómo eran las tripas del caso de los ERE..."

Ahora esperan órdenes para zambullirse en el caso de los cursos de formación, quizá no curso por curso, ni operador por operador "porque necesitaríamos dos vidas para realizar ese trabajo con los medios de los que disponemos", sino tratando de dar forma a lo que se podría llamar modus operandi. "No partimos de cero. Es la enseñanza de los ERE". Para iniciar la zambullida es necesario que se centralice la investigación en un juzgado, que la investigación se haga global, algo que trata de evitar a toda costa la defensa del principal operador señalado hasta el momento, el ex consejero Ángel Ojeda, detenido por la Policía el pasado julio y puesto en libertad 48 horas después por un juzgado de Cádiz. "¿Hay más ojedas, operadores cercanos a la Administración con ese volumen de cursos?" "No lo podemos saber, pero todo apunta a un gran descontrol".

Con la investigación de los ERE a punto de finalizar y la de Formación a punto de empezar, ahora la que se mantiene viva para ellos en el juzgado de Alaya tiene que ver con los desmanes que se produjeron en el sindicato UGT, lo que tiene que ver con lo uno y con lo otro, ya que el dinero que al parecer se derrochó era dinero público con un destino al que nunca llegó. Y entre todos ellos siempre aparece Juan Lanzas, una vez detrás de otra. Lanzas es todo un personaje y los interrogadores ya conocen bien a ese hombre sobre el que pivotaba buena parte de un sistema de ayudas desbocado que se llenaba de grandes palabras como empleo y formación, las dos grandes carencias de Andalucía que se han convertido en un succionador de dinero público que no nos ha dado ni una cosa ni la otra. "¿Y cómo es Lanzas en un interrogatorio?" Uno de los agentes de la UCO que lo ha tenido delante en esas largas sesiones se encoge de hombros, piensa en cómo definirle: "La verdad, no lo puedo negar, hay que reconocerle a este hombre que es salaete". "Un cara con guasa". "Puede ser, sí, quizá algo así". Los caras con guasa llenaron folios y folios que acabaron en cajas a 500 kilómetros, en este edificio cercano a Barajas. Un trabajo hercúleo.

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