La sequía causó la muerte de cientos de aves en Doñana
La proliferación de bacterias tóxicas en varias balsas de una finca situada en los límites entre Huelva y Sevilla afectó especialmente a la especie del pato cuchara
El Espacio Natural de Doñana acaba de superar un annus horribilis. La sequía, cada vez más pertinaz y frecuente; el intento, conjurado, de hacer penetrar el eucalipto a través de las fincas de Cerrado Garrido o Cochinato; el asedio agrícola a través de una extensa red de más de mil pozos ilegales que desecan el acuífero 27 y los humedales; y la llegada de residuos fecales a través del Arroyo del Partido procedentes de Almonte, Rociana o Bollullos acarrean no pocos problemas a la Reserva de la Biosfera. A esta letanía se han añadido nuevos riesgos de marea negra en las costas, hasta ahora escasos. Y el pasado otoño, la escasez de agua provocó una mortandad de varios centenares de aves en la frontera de Huelva y Sevilla, la zona de Veta la Palma.
La salida a la luz del avance de la Memoria de Actividades y Resultados de 2009 que realiza la Consejería de Medio Ambiente viene a confirmar cuán cerca ha estado Doñana de repetir graves crisis ecológicas de antaño. El texto subraya que el último año hidrológico ha sido bastante seco y se encuentra por debajo de la media histórica de precipitaciones. La Consejería confirma y explica en el informe un episodio especialmente preocupante: la mortandad a finales de septiembre de 2009 de aves acuáticas en el entorno de la finca Veta la Palma que delimita las provincias de Sevilla y Huelva por Isla Mayor. La mortandad de aves obligó a la Junta de Andalucía a activar un dispositivo especial. La Memoria asegura que desde finales de septiembre y el mes de octubre de 2009 se retiraron 694 aves acuáticas, 486 muertas y 208 vivas. La mortandad se concentró en unas pocas balsas de la finca, que estaba muy seca. La especie más afectada por el mal, aún no diagnosticado, fue el pato cuchara, huésped invernante que concentró más del 90% de las aves retiradas. Según la Memoria, "los análisis del agua pusieron de manifiesto la existencia de cepas de cianobacterias tóxicas con presencia de cianotoxinas, aunque no en concentraciones alarmantes".
La explicación oficial del episodio es que "las altas temperaturas, unido a la falta de precipitaciones, junto a la poca profundidad del agua, provocó el repunte de las cepas reproductoras de toxinas, que aun estando en bajas concentraciones afectó a las especies y ejemplares que llegaban a pasar la invernada en bajo estado físico". Los responsables del Parque optaron por llenar la balsa con agua de marea alta en sal. La decisión, unida al comienzo de la bajada de temperaturas, hizo que la mortalidad remitiera hasta que se dio por finalizada a finales del pasado octubre.
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