Wolfwalkers | Estreno en Apple TV+ Caminando con lobos

Uno de los maravillosos diseños de 'Wolfwalkers', de Tomm Moore. Uno de los maravillosos diseños de 'Wolfwalkers', de Tomm Moore.

Uno de los maravillosos diseños de 'Wolfwalkers', de Tomm Moore.

A falta del estreno de Soul, lo nuevo de Pixar, dudo mucho que vaya a haber mejor película de animación en 2020 que esta Wolfwalkers que ha llegado directamente a Apple TV+ este fin de semana. La nueva película del irlandés Tomm Moore, aquí en colaboración estrecha con Ross Stewart en la dirección, Will Collins en el guion y el habitual Bruno Coulais en la música, prosigue el camino de originalidad y disidencia del modelo digital mayoritario para insistir en un universo plástico propio que parte del dibujo y la ilustración, una particular paleta de color marca de la casa, aquí teñida de tonos otoñales, y un diseño de personajes que se suman a la hermosa galería de criaturas salidas de las maravillosas El libro de Kells y La canción del mar.

Wolfwalkers prosigue también la indagación en el folclore tradicional, sus mitos y leyendas, como materia prima original o reelaborada de sus historias que permite además lecturas en clave contemporánea, aquí de claro espíritu feminista, solidario, tolerante y ecologista, e incluso en una clave política que, aunque se le escape a los espectadores más pequeños, no deja de apelar a las viejas cuitas históricas entre Irlanda e Inglaterra que tendrán más alcance entre los adultos.

Pero nada de eso es determinante en esta aventura guerrera entre hombres, lobos y hombre-lobo, esos wolfwalkers con poderes mágicos destinados a combatir la estupidez humana y su ánimo exterminador en su tránsito de ida y vuelta entre la ciudad fortificada y su refugio en el corazón del bosque. Se imponen pronto no sólo los personajes claros y los mensajes cristalinos, sino sobre todo ese despliegue de creatividad animada que busca soluciones siempre nuevas ahí donde las inercias suelen agotar los recursos a golpe de filigrana de ordenador.

Wolfwalkers celebra así en cada imagen y en cada transición los diseños, figuras y colores originales, el trazo arcano o la bidimensionalidad de deslumbrante modernidad, las pantallas partidas o los formatos para acompañar su fábula desde la primera secuencia hasta la última. No demasiado lejos del carácter iniciático de los filmes de Miyazaki protagonizados por mujeres jóvenes, pero innegociablemente anclada a una tradición local irlandesa y a unas formas que se saben propias, esta película completa ya sin género de dudas la mejor trilogía animada del cine reciente. No tienen excusa, con o sin hijos pequeños, para no verla.