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Un héroe singular | Crítica

El vaquero solitario

Dentro del subgénero agrícola-ganadero de sensibilización ecologista y espíritu documental, Un héroe singular viene a poner una nota personal y existencial al asunto en el retrato psicológico de un joven granjero asediado por la enfermedad mortal de sus vacas.

La cinta de Hubert Charuel, ganadora de tres premios César (mejor ópera prima, mejor actor para Swann Arlaud y mejor actriz secundaria para Sara Giraudeau), asume unas formas discretas y funcionales para trazar la crónica de una caída en desgracia, haciendo oscilar a su vaquero entre la tozudez, la desesperación y la irresponsabilidad a la hora de afrontar la cruda realidad que se le viene encima.   

Es así como la película adopta un cierto tono de suspense en la ocultación de la evidencia y en las artimañas para que no se descubra la epidemia, estrategia narrativa que, además de dejar sus puyas a las dinámicas políticas y veterinarias europeas, impulsa el interés del filme más allá de su mensaje animalista.

Con todo, es el retrato íntimo (y contenido) de ese personaje contradictorio el que parece interesar más a Charuel, un tipo para el que la enfermedad y la muerte de su ganado supone algo mucho más importante, duro y personal que la desaparición de un mero trabajo: el final del único modo de vida que conoce.