Ignacio Martínez de Pisón | Escritor "La literatura es la puerta por donde sale lo que no sabías que tenías dentro"

  • Con más de 15 títulos a sus espaldas, el autor de 'Carreteras secundarias' y 'El día de mañana' entrega en 'Fin de temporada' su gran novela sobre la maternidad y las trampas del pasado

Ignacio Martínez de Pisón (Barcelona, 1960). Ignacio Martínez de Pisón (Barcelona, 1960).

Ignacio Martínez de Pisón (Barcelona, 1960). / Antonio Pizarro

Aragonés afincado en Barcelona desde hace cuatro décadas y una de las voces esenciales de la literatura realista en español, Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) regresa a los territorios emocionales de su escritura -la orfandad, los secretos familiares, el impacto del pasado en el presente- con Fin de temporada (Seix Barral), una novela de estructura cerrada y cinematográfica que cuenta con tres de sus personajes femeninos más complejos e inspirados. Rosa, una joven extremeña que pierde a su pareja en un accidente de tráfico y cría a solas a Iván, el hijo que habían previsto no tener, es la madre y la eterna viuda en esta historia que se desarrolla en los años 90 en un paraje próximo a las centrales nucleares de Vandellós y Ascó.

-La novela cuenta las andanzas de una madre y un hijo que siempre han vivido en lugares diferentes y de modo provisional hasta que deciden establecerse en la Costa Dorada y recuperar un camping. Los secretos familiares y la sombra del pasado no tardarán en alcanzarlos, como le ocurría a los personajes de Nada, la novela de Carmen Laforet, que aquí leen varios de sus protagonistas. ¿Qué textura emocional quiso subrayar al citarla?

-Es mi pequeño homenaje a una de las grandes novelas del siglo XX español. Me parecía que Nada marcaba una referencia temporal y espacial que podía mostrar al lector el origen de una España que está en evolución, mostrar un pasado del que había que alejarse. Porque esta es la historia de una chica, Rosa, que en 1977 se va de su pueblo porque ha decidido abortar y luego ser madre soltera. Y eso mismo que la llevó a romper con su familia, su pueblo y su vida anterior ya no es escandaloso 20 años después ni objeto de un estigma social. La novela de Laforet cuenta una fase anterior aún peor, cómo es la España fratricida que sale de la guerra civil con una familia absolutamente rota donde todo es resentimiento, odio y violencia. Todo eso me permite pensar que lo que ocurre en los 90 no está tan mal. Eran años en que la tolerancia se había impuesto en la sociedad española. Y luego hubo un atentado contra las Torres Gemelas, una crisis económica, en este momento una pandemia y hasta ahora el siglo XXI está siendo un desastre. Pero a finales de los 90 España era una democracia homologable a la de cualquier país europeo, una mujer podía abortar, había tolerancia hacia el matrimonio homosexual que se aprobaría poco después, había habido un cambio social bastante importante.

"En los 90 la tolerancia se impuso en la sociedad española, el cambio social había sido importante"

-¿Es Fin de temporada, y no El tiempo de las mujeres, la novela más femenina de Pisón?

-Yo creo que sí porque El tiempo de las mujeres en el fondo te cuenta cómo la sombra del varón es alargada porque un momento de azar -el infarto de un señor en la puerta de un puticlub- cambia la suerte de su mujer y de sus tres hijas, y todas ellas tendrán que aprender a vivir sin la referencia masculina, repartirse las distintas responsabilidades que le correspondían al padre o huir de ellas… Aquí en cambio estamos ante una historia de mujeres que es esencialmente una novela sobre la maternidad: Rosa la madre, Mabel la amiga, que establece una relación de sororidad con ella, pues son dos mujeres que juntas suman mucho más que por separado, y Céline, la novia francesa de Iván, que está en el medio pero no decide. Cada una de ellas tiene sus heridas antiguas y el ímpetu (o no) para salir adelante.

-Son tres personajes muy distintos y quizá Mabel es el más simpático para su autor.

-Sí porque Mabel es la responsabilidad, la que arregla lo que otros estropean. Rosa es la eterna viuda, la mujer anclada en el pasado, en ese año 1977 en que tuvo su gran momento de felicidad, que sigue oyendo la música de aquella época y es fiel a un novio muerto. Y Céline, que es el punto de fuga y la salida que le queda a Iván, supone un mundo más joven y en ebullición. Son piezas distintas sobre ese tablero, cada una representa cosas diferentes, y ahí está Iván, el personaje masculino que no es un referente porque no determina a las demás sino que es determinado por ellas. Un hombre que tendrá que elegir porque el amor materno que despliega Rosa se vuelve nocivo en un momento dado y él tiene por un lado la tentación de escapar y, por otro, la de someterse.

-Como en la mayoría de su obra de ficción, las canciones son mucho más que la banda sonora de fondo para funcionar como un elemento que acelera el hilo narrativo o lo reconduce.

-Cada generación lee las novelas de un modo diferente. Alguien de mi edad al principio de la novela cuando Rosa y Juan oyen Son tus perjúmenes mujer reconocerá esa canción de Carlos Mejía Godoy y los de Palacagüina que incrustaba palabras absurdas en el contexto de un tema amoroso. Era la canción de la revolución nicaragüense, más intelectual y pacífica que la cubana, y esa chorrada de canción para nosotros representaba algo que no dice lo mismo a los más jóvenes. La fijación que tiene Rosa con la música de los 70 confirma que ella vive atrapada en 1977, su último año de felicidad y el último año de vida de Juan, que aparece aún en sus fantasías matutinas. Cuando oye una canción como Here comes the sun de The Beatles se acuerda de cuando estaba en brazos del novio, él con 20 años y ella con 17. Las canciones tienen la capacidad de evocar el pasado y son fundamentales en novelas que siempre hablan de cómo el presente sólo lo podemos explicar desde el pasado. Se podría hacer una playlist de todas mis novelas, canciones que representan la época de unos personajes y especialmente un pasado que se hace presente en ellos.

-Ha explorado el tema de la orfandad en muchas ocasiones, desde su primer libro La ternura del dragón, y de un modo especial en Carreteras secundarias, quizá la novela que guarda más paralelismos con ésta.

-Varios de los personajes de mis libros han perdido al padre, la madre o los dos, y te preguntas por qué. Yo perdí a mi padre con nueve años y eso me permite ver la literatura como esa vía de escape que tenemos los humanos para hablar de cosas que no nos traumatizaron pero que son heridas que siguen ahí dentro y van saliendo. La literatura es una puerta abierta para que salgan cosas que no sabías que tenías dentro. Pero habiendo escrito tantos libros de familias nunca había hablado del amor de una madre por un hijo extremándolo, de modo que pueda dañar a la persona que más ama y a la que se ha entregado en cuerpo y alma desde el principio.

Pisón otorga un protagonismo especial a las canciones en su obra. Pisón otorga un protagonismo especial a las canciones en su obra.

Pisón otorga un protagonismo especial a las canciones en su obra. / Antonio Pizarro

-Al leer Fin de temporada es fácil imaginarla en el cine, con imágenes contundentes como Rosa enseñando a Céline las cicatrices que le dejó el accidente.

-Es mi ficción más estructurada y a diferencia de las novelas recientes, que tienden a desdeñar la estructura, en el cine los guionistas saben que debe haber unos giros de guión localizados a cierta altura de la historia, y esta tiene una estructura más cerrada que se impuso por sí misma incluso en el final, que creo no podía ser de otro modo. Esta obra, como explico en el prólogo, es una recreación de una historia real que me contaron sobre una pareja que va a Portugal a abortar y donde percibes que hay una ficción de destino, que hay una historia mucho más grande, pues intuyes que ese chico en algún momento se va a enterar de las circunstancias de su nacimiento y eso hará que la historia vaya hacia otro lado. Es un foco de dolor: la mujer echará siempre de menos al novio, será complicado explicar al hijo que pudo no haber existido. Como dice Iván, saber nos hace diferentes, nos convierte en otras personas. Esta es una novela donde la gente repite errores y la misma decisión que tomó Rosa de escapar la toma en un momento dado también el hijo.

-¿Por qué eligió Toulouse como esa ciudad donde la felicidad podría ser posible?

-Hay un homenaje al exilio republicano español a través del personaje de Céline, que es nieta de uno de ellos. Toulouse fue la capital del exilio, estaban allí la Casa de España y las sedes de todos los sindicatos y partidos, y elegir Toulouse era elegir un lugar en el extranjero donde podía contar una historia de amor en una época diferente, la de la generación Erasmus. Me acuerdo de cómo era viajar con 17 años al extranjero para los que tenemos cierta edad ya, un sitio donde todo era carísimo, cruzar la frontera era prohibitivo. Iván nace en el 78 y unos años después era un ciudadano europeo para el que la frontera ha dejado de existir. No se ha contado todavía la historia del Toulouse republicano, solamente Almudena Grandes en algunos capítulos de Inés y la alegría narra algo pero no es el tema central de su novela. Y en Toulouse estuvo la legitimidad española que se acabó disolviendo en la gran vida normal y familiar de los franceses, terminaron llamándose Martinez sin acento, y de ahí procede el interés cultural de Céline por España, su familiaridad con la cultura y el idioma, el que sea más fácil imaginarlos juntos a Iván y ella.

-¿Y por qué hablar de centrales nucleares en estos tiempos de neorruralismo literario?

-Están de moda esas novelas en las que gente de ciudad se marcha al campo y habla de aperos de labranza, simientes y fertilizantes, en cambio de centrales nucleares nadie habla, no tienen hueco en la literatura actual, pero me explican el paisaje: Rosa y su hijo Iván, a los que se sumará Mabel, van a instalarse para fundar una vida estable, consistente y duradera en un sitio donde tienes constantemente el recuerdo de un accidente nuclear que puede volver a repetirse. Hemos leído ya Chernóbil y sabemos mucho más ahora que entonces del riesgo que tenían. Las centrales nucleares son estéticamente bonitas, impresionantes, semiesféricas, arquitectura para llevar a un planeta de nuestra galaxia. Con todo esto ha convivido mucha gente, en Extremadura, en Córdoba, y no le prestamos la suficiente atención. Ahí siguen Vandellos y Ascó, desde hace 50 años y con los estándares de seguridad de medio siglo atrás, con una radioactividad que sigue viva pese a haberse llevado los residuos más potentes a un cementerio nuclear en Córdoba. Los primeros residuos nucleares los echaban al fondo del mar en bloques, ¿y qué pasa si hubiera un tsunami?… Hay una bomba de relojería en el fondo de los océanos.

"Los primeros residuos nucleares los echaban al fondo del mar en bloques. Hay una bomba de relojería en los océanos"

-Ese afán documental es un rasgo de toda su literatura. ¿Cómo se lleva en este momento con la etiqueta de autor realista?

-Para hacer novela realista tienes que documentarte mucho. He acudido a muchísimas fuentes de información para escribir de centrales nucleares. Los escritores leemos y de eso nos nutrimos para escribir, mi propia vida no da para tanto. Y sí, el realismo está más fuerte que nunca y los libros que han gustado más a críticos y lectores, como los de Aramburu, Cercas y Almudena Grandes, no se me ocurre mejor tradición que el realismo para encuadrarlos. Siempre los personajes están en un contexto y a través de las historias de personajes tal vez irrelevantes entiendes la época histórica que les ha tocado vivir y de la que, sin querer, se hacen portavoces. Si para saber cómo fueron los años 70 y 90 alguien se acercara a mis libros yo sería feliz porque ese es uno de los objetivos de la novela realista.

-Fin de temporada es su regreso a la ficción tras Filek, donde recuperó al estafador que logró engañar a su protector, el mismísimo Franco. ¿Por dónde le interesaría avanzar su obra de no ficción?

-Leo muchas cosas de los comunistas en la clandestinidad y encuentro muchas biografías interesantes que no se han escrito. La no ficción me permitió desenterrar la historia de José Robles, a la que nadie le había dedicado un libro, y luego descubrí la historia de Filek. Si encontrara un tema que para mí significara tanto como esos dos y pudiera realizar hallazgos, visitar archivos, encontrar documentación, lo haría. Pero asumiendo que pierdo lectores porque mis seguidores habituales quieren novelas, quieren vivir otras vidas durante seis horas, llorar y reír con los personajes en un mundo aparte.

"Si algo ha reforzado la pandemia han sido las series porque las plataformas están más fuertes que nunca"

-¿Se imagina escribiendo una novela sobre esta época? ¿Qué aspecto de la cultura ha salido reforzado de la pandemia?

-Para nada me apetece ahora mismo. ¿Te imaginas escribir sobre algo que ocurrió en 2020 y estar todo el rato diciendo se subieron la mascarilla, se querían pero desde la distancia social, todo lleno de elementos que perturban?… En cambio, si algo ha salido reforzado de la pandemia han sido las series porque las plataformas están más fuertes que nunca, con más abonados y dinero para producir, y buscando historias buenas, que es lo que los novelistas podemos ofrecer.   

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