Messi, siempre Messi
El delantero argentino marca de nuevo al Madrid a pesar de que haber entrenado sólo dos veces desde su vuelta de vacaciones.
Leo Messi no está, hasta que aparece. Las ausencias del argentino son uno de los engaños más redituables del fútbol mundial, tal como ha comprobado el Real Madrid: cada vez que se piensa que el partido le es ajeno, el 10 del Barcelona emerge para romper los esquemas.
El 2-2 en el templo blanco del Santiago Bernabéu, que pone el título de la Supercopa de España al alcance de los azulgrana, no hubiera sido posible sin el golazo de David Villa para empatar, pero tampoco sin la oportunísima aparición de Messi.
El gol del argentino a los 45 minutos dejó aturdido a un rival claramente superior que se encontró, un par de minutos más tarde, preguntándose en el vestuario en el entretiempo cómo era posible que estuviese derrotado por 2-1. En el complemento llegaría Xabi Alonso para emparejar el marcador.
Y eso que no era sencilla la noche de Messi en Madrid. Primero, porque llegó al primer partido oficial de la temporada -o penúltimo de la anterior, porque también se lo puede ver así- con apenas seis días de entrenamiento junto a sus compañeros, aunque en una gran forma física. Y segundo, porque Xavi, su socio-abastecedor, fue preservado por problemas físicos y no salió como titular.
Así, en la misma noche en que el Barcelona confirmaba el casi eterno fichaje de Cesc Fábregas, debutaba en un superclásico el joven Thiago Alcántara, joya de la cantera del Barça y, junto con el ex Arsenal, el otro hombre con pretensiones a ese puesto del que es dueño Xavi.
Pero Thiago no es Xavi, o, al menos, aún no está listo para un desafío mayor como el de este partido. Eso lo notó el equipo, y sobre todo Messi, que vio menos pelotas que agua en el desierto.
El Real Madrid ofrecía una intensidad y hambre de juego que su rival no mostraba. Con problemas en la defensa y sin creación en el mediocampo era lógico que el Barça fuera perdiendo tras el jugadón de Karim Benzema transformado en gol por Mesut Özil.
Pero entonces llegó el golazo de Villa, y un rato más tarde Sami Khedira fue atropellado hacia el balón para involuntariamente acercarlo al botín verde fluorescente de Messi. Todo sucedió rapidísimo: el argentino se sacó de encima a un Pepe que resbaló y se hizo el espacio para que Khedira no llegara a cerrar, ni Iker Casillas a evitar que el zurdazo le moviera las redes.
Sin Xavi, que ingresaría en el 57 minutos en lugar de Thiago, ni Piqué -también entró en el segundo tiempo-, ni Pedro, el Barcelona lograba un gran resultado en Madrid.
El Real Madrid, que inició el partido con la misma formación que cayó 5-0 en el Camp Nou en noviembre de 2011, se fue con menos de lo que merecía. Ni el ímpetu de un José Mourinho apurando el juego al atrapar un balón en la banda para darle un pase a uno de los suyos, cual Diego Maradona en el último Mundial, ni la dura falta de Marcelo sobre Messi en el inicio del segundo tiempo -una advertencia-cambiaron la historia.
Messi, que fallaría un tiro libre desde la derecha -nada que ver con aquel que envió a la parte alta de la tribuna ante Colombia en la Copa América-, se fue con una certeza: jugar ante el Real Madrid en el Bernabéu es una buena noticia para él, y mala para Casillas, que lo sufre una y otra vez.
Mientras Guardiola sigue sin perder ante el Madrid de Mourinho en el Bernabéu -con 13 goles a favor y apenas cinco en contra-, su as de espadas suma ya seis goles en su historial en la Supercopa.
Si suma dos más, superará a Raúl como máximo goleador en la historia del torneo. No sería inusual que se diera, porque el antecedente de hace un año es el de un hat-trick messiánico en la vuelta ante el Sevilla en el Camp Nou.
Así, en la noche del miércoles al jueves -el partido de vuelta se inicia a las 23:00, hora de brujas-, cosas muy extrañas tendrían que suceder para que un nuevo título no se incorpore a las vitrinas del mejor equipo del mundo.
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