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¡Que abran los bares en Semana Santa!

El Fiscal

Nos gustaría que atendieran no solo en la Madrugada, sino todos los días de la semana, pero por algo será que a muchos empresarios no les compensa

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Un bar en Semana Santa.
Un bar en Semana Santa. / M. G.
El Fiscal

08 de marzo 2026 - 04:00

La semana estaba marcada por la noticia del traslado a Sevilla del crucificado de Juan de Mesa que está en Las Cabezas de San Juan para participar en unos meses en la gran exposición sobre la obra del escultor. El Cristo de la Vera-Cruz será un gran descubrimiento para los sevillanos que visiten el Museo de Bellas Artes entre noviembre de este año y marzo de 2027. La rampa ya está montada en la Plaza del Salvador, usada ayer mismo a la hora del condumio por algunos incautos turistas. ¡Todo marcha en positivo! Qué maravilla de cuaresma, chiquillo. La tarde del sábado fue dulce en el Arenal con el concierto del Carmen de Salteras con ocasión de la quinta edición del memorial Otto Moeckel, ofrenda musical de amor que su familia deposita cada año en el altar de la memoria. Y justo nos llega que el teniente de alcalde de Fiestas Mayores, Magnas, Comitivas para las que no hay suficiente Policía Local y Procesiones Piratas, señor Alés, ha declarado en los micrófonos de Cruz de Guía, en Radio Sevilla (SER), una de las grandes verdades de la Semana Santa de los últimos años: "Ahora hay que convencer a los bares de que abran en la Madrugada. Se ha demonizado a los bares". ¡Al igual hay que convencer a muchos taxistas, por cierto, de que salgan a prestar servicio en las noches de Feria, gestiones que algún año hemos presenciado en riguroso directo! Estamos de acuerdo con el capitular, pero con matices. ¡Hay que convencerlos de que abran todos los días de Semana Santa, porque dejaron de hacerlo hace tiempo, no solo en la Madrugada! ¿Por qué? Porque no soportan la mala educación de un público que cada vez vincula más una fiesta religiosa a los usos propios de una feria.

Muchos empresarios de la hostelería te cuentan que no les compensa el esfuerzo de las tardes y noches de la Semana Santa. Abren para los desayunos, las dos primeras horas de la cerveza de mediodía... y persianazo hasta la mañana siguiente. No son los tiempos en que el problema eran los servicios sospechosamente averiados, la supresión de las tapas por raciones, o el uso de vasos de plástico. Son los años de los cierres de muchos de los negocios que hacen todo el año la ciudad y que, reveladoramente, renuncian a días supuestamente grandes. No son todos, pero son demasiados. No solo es la Madrugada, que ha exigido medidas drásticas absolutamente necesarias, decisiones que no han sido caprichosas, ni arbitrarias. Los informes de las cinco Madrugadas rotas en el primer cuarto del siglo XXI han demostrado que la noche más hermosas ha sido víctima de los efectos del alcohol. Quien no ha querido verlo es porque no ha leído. Y los bares, es cierto, han pagado el pato, como lo pagaron cuando en la Magna de diciembre de hace dos años se optó por una supresión excesiva de las terrazas de veladores. El alcohol no se dispensa solo en los bares, sino en tiendas de conveniencia que se demostró que había que empezar a vigilar desde la tarde del Jueves Santo en sectores como el Paseo de Colón y la Plaza de la Encarnación, tomada por la Policía desde horas antes de la salida de la primera cofradía de la Madrugada con efectos claramente disuasorios. Se trataba y se trata de ponerle trabas a las botellonas que comienzan a finales del Jueves. ¡Qué casualidad que los horarios de los tumultos en las Madrugadas alteradas han sido siempre similares! A partir de las cuatro y media de la Madrugada, cuando cierto personal empieza a estar alicatado.

Alés anuncia que no habrá la conocida en los últimos años como Ley Seca. ¡Muy bien! Nos encanta la Semana Santa con los bares abiertos la noche del Viernes Santo, las calenterías a pleno rendimiento y opciones varias donde cenar hasta tarde o tomar café temprano. Pero garantice que el centro de la ciudad no será un territorio fácil para prácticas que no tiene relación alguna con la Semana Santa, porque los tiempos han cambiado mucho, muchísimo, desde aquel año 2000 y, al menos nosotros, no vemos una remisión de ciertos factores de riesgo. Ojalá no haya Ley Seca durante muchos años y la Madrugada sea un éxito, ojalá los bares de toda la vida del centro de la ciudad abran todos los días de la Semana Santa porque sean, como siempre se consideraban, las fechas de grandes ingresos. Claro que no hay que demonizar a los bares, esos sitios donde también se rellenan las cántaras de agua de las cuadrillas de costaleros. Que la Semana Santa la hacemos entre todos, incluidas las tabernas. Pero tampoco demonicemos a los que decidieron afrontar el problema de una Madrugada herida, tomaron decisiones acertadas, redujeron riesgos, estudiaron muchísimo los hechos y procuraron ajustar las medidas de seguridad a los problemas reales, con casos de verdadera coordinación entre administraciones controladas por diferentes partidos políticos. Trabajen juntos ahora la Subdelegación del Gobierno y el Ayuntamiento de Sevilla. No asumamos riesgos innecesarios en la Sevilla de 2026, que no es la de los antiguos nazarenos de capa, varas de mandos recogidas en una esquina, mientras se restauran en una taberna junto a la Catedral.

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